Historia antigua

La epopeya de Marchand en Fashoda

Infancia y primeros pasos

De niño fue aceptado como aprendiz de notario en la oficina de Maître Blondel, en Thoissey. Nadie podía imaginar que su destino sería épico. El notario, hombre de buen corazón, le aconsejó involucrarse en la vida militar.

Según el historiador Delebecque, en sus ojos se leía “la mirada ansiosa de un cachorro de león en una jaula”. Sus sueños diurnos lo alejaban del rígido trabajo notarial y estaban llenos de acción e ideales, ya de por sí épicos. Entre los catorce y diecisiete años experimentó repetidas visiones de paisajes intensamente azules y verdes que lo desorientaban, como presagios de su futuro.

La epopeya de Marchand en Fashoda

Formación militar y primeros años en África

Ingresó en la Escuela Militar de Saint‑Maixent y pronto obtuvo la primera insignia. El contacto con el ejército fue duro, pero el joven mantuvo su misticismo e idealismo. Sus ojos negros se encendían de entusiasmo o se oscurecían con ira.

Al desembarcar en Senegal esperaba encontrar esos tonos violentos de “azul y verde”. En cambio, la costa era plana, árida y desolada. En menos de 24 horas, su capitán y su teniente fallecieron, presentándole a la muerte como nuevo enemigo constante.

La epopeya de Marchand en Fashoda

La captura de Koundian y la Côte d’Ivoire

En 1889 recibió su bautismo de fuego en la captura de Koundian. Herido, escribió: «Mi deber es permanecer. Confío en mi estrella…». Con los años se consolidó como líder. El capitán Archinard ya lo describía: «Con hombres como Marchand se puede atreverse a todo. Su estancia en la Costa de Marfil (1893‑1895) lo convirtió en un verdadero africano».

La misión al Nilo y la decisión del río Tamboura

En 1896 desembarcó en Loango y recibió plenos poderes de Brazza. Llegó a Bangui en abril de 1897 y, a petición de Liotard, eligió la ruta del río Tamboura para alcanzar el Nilo, renunciando al camino terrestre de Dem Zider. La decisión lo llevó a enfrentarse al impasible Mechra y a la confluencia del Soueh y el Bahr‑el‑Ghazal, donde sin una nave quedaba inmóvil.

Para superar el obstáculo tomó el vapor Faidherbe, el único disponible en la colonia, aunque estaba en la cuenca del Congo. Decidió desmantelarlo, transportar sus piezas en canoas y construir una pista de 160 km para volver a armarlo y cruzar el Soueh.

La epopeya de Marchand en Fashoda

La travesía del Bahr el‑Ghazal

El 5 de enero de 1897, el capitán Baratier y el intérprete Landeroin, acompañados por 25 tiradores y 10 yakomas, se adentraron en el Soueh. La vegetación los envolvió; la escasez de alimentos y el terreno pantanoso los pusieron al límite.

Durante febrero avanzaron a duras penas: el 5 de febrero recorrieron 1 100 m en diez horas y media; el 9 de febrero el agua volvió a fluir; el 13 de febrero observaron un gigantesco “pájaro de madera” que identificaron como el legendario Baleiniceps Rex del Bahr el‑Ghazal.

Marchand describió la situación en una carta de marzo de 1898: «Estoy obligado a informar del peligro constante en inmensas extensiones, entre poblaciones temerosas, con 12 oficiales, suboficiales y 170 tiradores a mi cargo». La marcha continuó pese a la ansiedad y la pérdida de hombres.

Ocupación de Fashoda y el enfrentamiento con Kitchener

El 4 de junio de 1898 Marchand abandonó Fort‑Desaix y, el 10 de julio, tomó Fashoda con su primera escuadra de cinco lanchas ligeras. El capitán Mangin erigió rápidamente un fuerte que fue atacado por derviches el 25 de agosto.

El 19 de septiembre el sirdár británico Sir Herbert Kitchener llegó a Fashoda. Tras un intercambio cordial, Kitchener expresó su deseo de izar la bandera del Khediva egipcio. Marchand respondió que la bandera francesa ya estaba ondeando. El diálogo, ilustrado por una serie de breves intervenciones, evitó que el episodio se convirtiera en una guerra franco‑británica.

Más tarde, Kitchener declaró: «Me di cuenta de que estaba tratando con un caballero».

Regreso a Francia y legado

Tras recibir la noticia de que Francia no apoyaría la misión, Marchand regresó a Toulon donde fue recibido con gran pompa. Cada integrante recibió la medalla colonial con la inscripción «Del Atlántico al Mar Rojo». El desfile del 14 de julio de 1899 en Longchamp provocó una verdadera euforia, pero al día siguiente la misión fue disuelta, marcando su fin glorioso.

La bandera que Marchand dejó en Addis Abeba permanece en la residencia francesa, apoyada en una caña que, según se dice, proviene del Bahr el‑Ghazal. La hazaña de Marchand sigue siendo un símbolo de la valentía francesa en la carrera por el Nilo.

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