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Atlántico

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Una carrera aérea transatlántica en 1937

Los periódicos anuncian que, con motivo del décimo aniversario del histórico vuelo de Lindbergh, Francia organizará una carrera aérea Nueva York‑París que quedará grabada en los anales de la aviación. La noticia, aunque inesperada y algo extraña, genera una mezcla de entusiasmo y preocupación.

Muchas naciones poseen aviones con alcance suficiente para cruzar el Atlántico, pero los peligros siguen siendo enormes: los restos de aeronaves que desaparecieron intentando el gran salto apenas se descomponen en el mar.

Las inscripciones comenzaron a llegar al comité organizador: 22 participantes en total, entre ellos cuatro franceses, nueve italianos, y representantes de EE. UU., Gran Bretaña, Rumanía y Suecia. No hay equipos alemanes.

Los expertos esperan la prueba con cierta aprensión. Por eso resulta casi un alivio la oposición del gobierno estadounidense a la competición, pues considera inoportuna la carrera mientras sus Clippers están probando los primeros enlaces comerciales entre los dos continentes bajo condiciones de seguridad.

Francia decide abandonar la carrera atlántica y la sustituye por un concurso Istres‑Damas‑París, programado para los días 20 y 21 de agosto de 1937. Se alinean sus mejores pilotos: Codos, Rossi y Guillaumet, que pilotarán respectivamente un Breguet Fulgur, un Typhon y un Farman; a ellos se sumará el teniente‑coronel François al mando de un Bloch. Los italianos participan con fuerza, con siete Savoia‑Marchetti‑79 y un Fiat. También estará presente el inglés Clouston, que volará un Cornet.

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