Historia antigua

Convivencia pacífica y nuevas crisis (1953‑1962)

Convivencia pacífica

El 5 de marzo de 1953 falleció Stalin y fue sustituido por Nikita Jrushchov, quien denunció los crímenes del predecesor y, a partir de 1956, promovió la llamada “convivencia pacífica”. Según esta política, los dos bloques solo se enfrentaban en el plano ideológico.

Aunque oficialmente nunca se produjo un conflicto directo, más de cien aviones espía estadounidenses fueron derribados al sobrevolar el espacio aéreo soviético. En 1950, un PB4Y Privateer fue abatido por cazas soviéticos. Desde 1956 EE. UU. utilizó aviones U‑2 que volaban a más de 20 000 m; sin embargo, en mayo de 1960 uno de ellos fue derribado y su piloto, Francis Gary Powers, fue encarcelado tras un juicio muy mediático. A partir de entonces, EE. UU. desarrolló aviones de reconocimiento cada vez más sofisticados y, posteriormente, un programa de satélites de vigilancia.

Durante este periodo se intensificó el diálogo entre los líderes de ambas superpotencias. Jrushchov se reunió con Eisenhower en 1956 en el Reino Unido, con Eisenhower nuevamente en 1959 en EE. UU., con Francia en 1960 y con Kennedy en Viena en 1961. El joven demócrata John F. Kennedy, elegido en 1960, buscó una convivencia pacífica con la URSS, pero también pretendió evitar la expansión del comunismo en el Tercer Mundo. Creó la “Alianza para el Progreso” para América Latina, incrementó la ayuda a Congo‑Kinshasa y envió “asesores militares” a Laos y Vietnam.

Levantamiento húngaro (1956)

El bloque soviético sufrió una grave crisis que se materializó en la revuelta de Budapest. La insurrección fue sofocada brutalmente por la URSS coincidendo con los Juegos Olímpicos de verano de 1956.

Crisis de Suez (1956)

Aunque no se trata de una confrontación directa entre EE. UU. y la URSS, muchos historiadores la incluyen dentro de la Guerra Fría porque marcó el fin de la autonomía de actuación de los dos bloques. En 1956, Egipto se enfrentó a una coalición formada por Francia, el Reino Unido e Israel. Las potencias occidentales fueron presionadas por EE. UU. y la URSS, que amenazó con usar armas nucleares al considerar el conflicto una guerra colonial. Ambas superpotencias adoptaron una posición similar.

Segunda crisis de Berlín (1961)

Entre 1949 y 1961, 3,6 millones de alemanes orientales cruzaron Berlín para entrar en la República Federal de Alemania. Esta fuga de ingenieros, médicos y trabajadores cualificados devastó la economía de la RDA y dañó su imagen internacional.

En noviembre de 1958 surgió la “crisis del ultimátum de Jrushchov”, que involucró a todas las potencias occidentales. En junio de 1961, Kennedy y Jrushchov se encontraron en Viena; el soviético anunció que firmaría un tratado de paz con la RDA, lo que privaría a EE. UU. de su acceso a Berlín Occidental. Kennedy consideró inaceptable la propuesta y la reunión no produjo acuerdos. Jrushchov movilizó tropas hacia Berlín Occidental; EE. UU. respondió desplegando tanques y aumentando su presupuesto militar, lo que obligó a la URSS a retirar sus fuerzas.

El 13 de agosto de 1961 se inició la construcción del Muro de Berlín, poniendo fin al “robo sistemático” de ciudadanos de la RDA. Las autoridades orientales no bloquearon las comunicaciones entre la RFA y Berlín Occidental, y Jrushchov no cuestionó el estatus cuatripartito de la ciudad. La reacción occidental se limitó a protestas diplomáticas y gestos simbólicos, como la visita del general Lucius D. Clay y el refuerzo de la guarnición estadounidense con 1 500 soldados.

Crisis de los misiles en Cuba (1962)

La crisis de octubre de 1962 puso de relieve el peligro de una guerra nuclear. En enero de 1959, las guerrillas de Fidel Castro derrocaron al dictador pro‑EE. UU. Fulgencio Batista. El nuevo gobierno tomó medidas que enfurecieron a Washington: desmanteló los latifundios, firmó un acuerdo comercial con la URSS en mayo de 1960 y confiscaron empresas norteamericanas que controlaban la mayor parte del azúcar, el tabaco y la minería cubana.

En respuesta, EE. UU. impuso un embargo económico en octubre de 1960 y, el 2 de enero de 1961, rompió relaciones diplomáticas con La Habana. La CIA reclutó a exiliados cubanos para organizar una invasión. El 17 de abril de 1961, la invasión de la Bahía de Cochinos fracasó estrepitosamente; Kennedy asumió la responsabilidad pública, pero culpó en privado a la CIA de haberle mentido.

En julio de 1961 Cuba se declaró parte del “bloque socialista”. El 4 de septiembre de 1962 firmó un convenio de asistencia militar con la URSS, y una semana después Moscú amenazó con responder nuclearmente a cualquier ataque contra la isla. El 14 de octubre, un avión U‑2 estadounidense detectó bases de misiles balísticos de alcance medio (IRBM y MRBM) en Cuba. Al mismo tiempo, la Casa Blanca supo que 24 buques soviéticos transportaban cohetes y bombarderos Ilyushin rumbo a la isla (operación Anadyr).

El 22 de octubre Kennedy, tras vacilar entre la inacción y el bombardeo, decidió imponer un bloqueo naval a Cuba. Esta “respuesta graduada” obligó a Jrushchov a elegir entre escalar el conflicto o negociar. Tras intensas negociaciones secretas, el 26 y 27 de octubre la URSS propuso retirar los misiles ofensivos a cambio de que EE. UU. se comprometieran a no invadir Cuba y a retirar los cohetes Jupiter instalados en Turquía. Kennedy aceptó el acuerdo, ocultando el retiro de los misiles turcos. Jrushchov, que creía haber ganado, salió humillado frente a Castro, Mao Zedong y otros líderes comunistas.

El resultado fue un triunfo político para EE. UU., aunque aceptó la presencia de un país comunista dentro de su “perímetro de defensa”. La crisis impulsó la instalación de una línea directa (hotline) entre Moscú y Washington y el inicio de negociaciones sobre limitación de armamentos. Kennedy, cada vez más popular, buscó una política exterior más pacífica, pero su mandato se truncó con su asesinato en Dallas el 22 de noviembre de 1963. Jrushchov, debilitado por la crisis, fue sustituido por Leonid Brézhnev en 1964.

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