Contexto estratégico

A mediados de febrero de 1941, el almirante Raeder, jefe de la Kriegsmarine, y su homólogo italiano, el almirante Riccardi, se reunieron para evaluar la posibilidad de que buques de superficie italianos atacaran convoyes británicos. No lograron llegar a un acuerdo.
Petición alemana y negativa italiana
El 5 de marzo, con el reforzamiento de las fuerzas inglesas en Grecia, los alemanes volvieron a solicitar ayuda italiana, pero los italianos se mostraron reacios.
Falta de cobertura aérea
La Marina italiana carecía de protección aérea y Mussolini había descartado la necesidad de portaaviones, lo que dificultaba la coordinación entre la flota en alta mar y las bases aéreas terrestres, tanto italianas como alemanas.
Escasez de combustible
Al inicio del conflicto, Italia disponía de 1.800.000 toneladas de reservas, consideradas suficientes para diez meses de guerra. En febrero de 1941, tras nueve meses de hostilidades, ya se habían consumido cerca de un millón de toneladas. Mussolini intentó mitigar la crisis ordenando que las reservas se extendieran a lo largo de veinte meses.
Consideraciones políticas
Nadie podía predecir el desenlace del conflicto y Mussolini prefería mantener su flota lo más intacta posible para reforzar la posición italiana en la futura conferencia de paz.