La revolución del arco en los ejércitos ingleses
En el siglo XIV la aparición del arco largo transformó la guerra. Por primera vez no fueron los caballeros los que determinaron el destino de las batallas, sino campesinos entrenados. Los edictos reales obligaban a plantar tejos, de los que se fabricaban los mejores arcos, y a practicar tiro con arco cada domingo en todas las aldeas inglesas. Sólo con esa constancia los arqueros adquirían la precisión y la fuerza necesarias para tensar el arco.
La batalla de Crécy (1346)
En Crécy, el 26 de agosto de 1346, el rey Eduardo III desembarcó en Normandía con 2.400 caballeros, 12.000 arqueros y una escasa infantería. Tras amenazar París, tuvo que retirarse a Picardía frente al ejército francés, tres veces mayor. Decidió enfrentar al enemigo en las colinas de Crécy. Allí, los arqueros ingleses demostraron el poder devastador del arco contra la caballería pesada.
El ataque de los genoveses
Los caballeros franceses, impacientes, ignoraron la orden del rey de esperar al resto del ejército y lanzaron a sus mercenarios genoveses con ballestas. Antes de que los genoveses pudieran acercarse, los 6.000 arqueros ingleses descargaron una lluvia de flechas que los diezmaron. Los sobrevivientes huyeron entre las filas francesas.
La contraofensiva inglesa
Los franceses, furiosos, atacaron a los genoveses, pero se encontraron bajo el fuego de los arqueros ingleses, que lanzaban hasta 50.000 flechas por minuto. Los caballeros, inmovilizados por su pesada armadura, fueron rodeados por infantería inglesa armada con cuchillos y mazas. Al anochecer, el ejército francés se retiró, dejando muertos a Juan el Ciego, rey de Bohemia, y al conde de Flandes.
Consecuencias y posteriores derrotas francesas
Crécy fue un trueno que sacudió a Francia. Diez años después, en Poitiers, los arqueros ingleses volvieron a vencer a la caballería francesa, obligando a Felipe VI a ceder Calais y parte del suroeste en el Tratado de Brétigny (1360). En 1415, en Agincourt, la misma lección se repitió: la caballería francesa quedó atrapada en un campo embarrado, vulnerable a los arcos ingleses.
El arco como arma formidable
El arco largo, usado por los hombres de armas ingleses, medía unos dos metros. El tronco, generalmente de tejo, era recto en el centro donde se apoyaba la flecha. Las flechas, de un metro, tenían punta de acero y estaban hechas de abedul, fresno u roble. Aunque no penetraban la armadura de un caballero, sí mataban caballos, desestabilizando a los guerreros que, al caer, quedaban a merced de la infantería.
Equipamiento y vida del arquero inglés
Los arqueros no eran nobles, pero tampoco pobres. Portaban casco de acero, cota de malla ligera, una chaqueta de cuero reforzada, botas y una ración diaria. Llevaban una espada para romper cargas de caballería y montaban ponis, lo que les daba gran movilidad. Formaban compañías de cien hombres bajo la supervisión de un capitán y recibían tres veces el sueldo de la infantería regular.
La reticencia francesa y la adopción tardía
Tras Crécy y Poitiers, Francia siguió prefiriendo la caballería pesada y la ballesta. La ballesta era más precisa a corta distancia, pero su cadencia (2 virotes por minuto) y alcance (≈250 m) quedaban muy por detrás del arco (10‑15 flechas por minuto, 270 m). Además, el temor a armar a los campesinos en una época de revueltas rurales frenó su adopción. No fue sino hasta 1448, bajo Carlos VII, que se creó el cuerpo de arqueros francos, que ayudó a inclinar la balanza a favor de Francia al final de la Guerra de los Cien Años.
Fin de la era del arco
En Inglaterra, los arqueros siguieron siendo esenciales hasta el reinado de Enrique VIII (siglo XVI), cuando las armas de fuego empezaron a sustituirlos. Ya en la batalla de Waterloo (1815) el arco había caído en el olvido.