Godefroy de Bouillón y la defensa del Santo Sepulcro
Tras ser nombrado rey de Jerusalén por sus compañeros, Godefroy de Bouillón rechazó el título y prefirió el de Defensor del Santo Sepulcro. Creó la Orden de los Canónigos del Santo Sepulcro, encargada de asistir al patriarca de Jerusalén en sus tareas.
Los canónigos y los primeros caballeros
Un grupo de hombres de armas que participaban en la cruzada se puso al servicio del patriarca para proteger el Santo Sepulcro. En Occidente, se fundó una institución similar, los caballeros de San Pedro (milites sancti Petri), cuya misión era salvaguardar los bienes de monasterios y iglesias. Aunque eran laicos, disfrutaban de los beneficios de las oraciones.
Milites sancti Sepulcri y la posible participación de Hugo de Payens
Por extensión, a los encargados de proteger tanto el patrimonio del Santo Sepulcro como la comunidad de canónigos se les llamó milites sancti Sepulcri. Es muy probable que Hugo de Payens se integrara a esta institución alrededor del año 1115.
El Hospital de San Juan y la idea de la Milicia de Cristo
Todos los protectores del Santo Sepulcro residían en el Hospital de San Juan de Jerusalén. Cuando, en 1113, la orden del Hospital recibió la responsabilidad de atender a los peregrinos occidentales, surgió la idea de crear una milicia de Cristo (militia Christi) dedicada exclusivamente a la defensa de los canónigos y de los viajeros que recorrían rutas amenazadas por bandoleros.
Una organización tripartita
Así, la labor quedó dividida en tres áreas: los canónigos se ocupaban de los asuntos litúrgicos, la orden del Hospital atendía las funciones caritativas y la Milicia de Cristo desempeñaba la única función militar de proteger a los peregrinos. Esta distribución reflejaba la estructura de la sociedad medieval: oratores (sacerdotes), bellatores (guerreros) y laboratores (campesinos).
Nace la Orden del Templo
Con esta base, la Milicia de Cristo evolucionó y, a finales del siglo XI, se transformó en lo que hoy conocemos como la Orden del Templo.