Biografía de Luis IX, el rey santo

(Poissy, 1214 – Tunis, 1270). Rey de Francia (1226‑1270). Hijo de Luis VIII y Blanca de Castilla. Su reinado es considerado el más prestigioso de la historia francesa, tanto que el siglo XIII se conoce como el «siglo de San Luis».
Ascenso al trono y regencia
Subió al trono a los doce años tras la muerte súbita de Luis VIII. Durante su minoría, la regencia la ejerció su madre, Blanca de Castilla, quien mantuvo el poder hasta 1235. Blanca, enérgica y autoritaria, enfrentó varias revueltas aristocráticas lideradas por Pierre Mauclerc, con el apoyo del rey Enrique III de Inglaterra, y por el conde Raimundo VII de Toulouse, defensor de la independencia de Languedoc.
Política interior
Tras la firma de la tregua de 1231, Mauclerc se rindió en 1235 y, ese mismo año, Enrique III aceptó una nueva suspensión de armas de cinco años. En abril de 1229, el conde Raimundo VII firmó el Tratado de París, que selló la extinción de la herejía albigense, pactó el matrimonio de su única hija Juana con Alfonso de Poitiers, hermano del rey, y confirmó la anexión al dominio real de los senescatos de Nîmes‑Beaucaire y Béziers‑Carcassonne.
Con la cesión de los senescatos de Beaucaire y Carcassonne, el dominio real se amplió con cuatro feudos comprados al conde de Champaña. La alianza matrimonial de 1234 entre Luis IX y Margarita, hija del conde de Provenza Raimundo Berenguer IV, extendió la influencia de la dinastía en el valle del Ródano.
Legado cultural
La literatura, la escultura y la miniatura dejaron retratos de San Luis que oscilan entre la idealización tradicional y los primeros trazos de realismo. Destacan la «Historia de San Luis» de Joinville, escrita como modelo moral para sus sucesores, y los testimonios recopilados por Guillermo de Saint‑Pathus para su canonización.
Piedad y obras de caridad
San Luis se muestra como un rey‑caballero alto, delgado y rubio, heredero de la belleza de la casa de Hainaut. Su salud frágil se agravó por prácticas ascéticas: vivía con austeridad, llevaba una camisa de cilicio y se imponía mortificaciones diarias. Su profunda devoción lo llevaba a meditar constantemente la doctrina cristiana y a buscar consejo en dominicos y franciscanos.
Comprometido con la caridad, distribuía alimentos a enfermos, mendigos y leprosos, y fundó numerosos hospitales en París y sus alrededores (Filles‑Dieu para prostitutas, Quinze‑Vingts para ciegos, hospitales de Pontoise, Vernon y Compiègne). En un gesto de humildad extrema, lavaba y besaba los pies de los mendigos más sucios que invitaba a su mesa.
Contradicciones y carácter
Su bondad natural contrastaba con una aparente indiferencia hacia su esposa y sus hijos en los primeros años de matrimonio. Aunque pacifista, no dudó en empuñar la espada contra los enemigos de la fe: infieles y judíos. Defendió los privilegios reales frente al clero y al papado, aunque nunca redactó la supuesta Sanción Pragmática de 1269, falsificación del siglo XV.
En última instancia, Luis IX aspiró a ser el príncipe cristiano ideal descrito en los «Espejos de príncipes», una tradición que remonta a Carlomagno y que renació en forma moralizante en el siglo XIII.