Atila, el azote de Dios: los hunos
Attila (405‑453) fue el monarca que unificó a las tribus hunas, originarias de las estepas de Asia Central y asentadas en la llanura del Danubio. Según la historiografía romana, gobernó el Imperio Huno —que abarcó gran parte de Europa central y Asia— entre 434 y 453, y llegó a ser llamado Europæ Orbator, “emperador de Europa”.
Nacido alrededor del 395, Attila era hijo del rey hun Moundzouk, muerto en la guerra en 408. Huérfano, fue criado por su tío, el rey Ruga, junto a su hermano mayor Bleda.
División del imperio y ascenso de Bleda
En 434 Ruga repartió el territorio entre sus sobrinos Attila y Bleda. Durante el gobierno de Bleda (435‑440) los hunos lograron importantes victorias diplomáticas contra el Imperio romano de Oriente, duplicando el tributo que Constantinopla pagaba y obteniendo la promesa de que Roma no se aliara con sus enemigos germánicos. El dominio huno se extendió hasta los Alpes, el Rin y el Vístula.
Attila toma el poder
En 440, aprovechando la invasión persa de la Armenia romana, Bleda volvió a atacar al Imperio de Oriente. Attila, que ya había iniciado negociaciones con los romanos, intervino solo como último recurso para evitar quedar fuera del botín. Entre 441‑442 mantuvo una política independiente, buscando la entrega de príncipes hunos refugiados en el imperio.
Alrededor de 444‑445, con la ayuda de sus vasallos germánicos (el rey de los escirios Edika y el rey de los gépidos Ardarico), Attila mandó asesinar a Bleda y quedó como único rey de los hunos.
Reinado y relación con Roma
Su gobierno duró ocho años. En 445‑446 se adjudicó la provincia romana de Panonia‑Savia y, para mantener la apariencia de una administración romana, fue nombrado Magister Militum por el emperador Valentiniano III.
Desde la cuenca del Danubio, Attila amenazó tanto al Imperio de Oriente como al de Occidente. En 447 un terremoto destruyó parte de la muralla teodosiana de Constantinopla y provocó una hambruna que obligó al imperio oriental a suspender los pagos de tributo, lo que desencadenó nuevas hostilidades.
La cuestión de Honoria
En 449 la co‑emperatriz del occidente, Honoria, envió su anillo a Attila solicitando ayuda. El rey lo interpretó como un compromiso matrimonial y exigió la herencia de la Galia. Ante la negativa de Valentiniano III, Attila declaró la guerra al Imperio occidental en el otoño de 450.
Invasión de la Galia
En la primavera de 451 encabezó una coalición huno‑germánica contra la Galia. El ejército incluía gépidos, visigodos, escirios, suevos, alamanes, francos, burgundios, alanos y sármatas; los hunos eran una minoría dentro de la fuerza. Tras quemar Metz, Attila fue detenido cerca del río Loira, donde se enfrentó a los visigodos de Teodorico I y a las legiones de Flavio Aecio. La batalla decisiva tuvo lugar en los Campos de Catalaun, cerca de Châlons‑en‑Champagne, donde los romanos y sus aliados lograron frenar al invasor.
El asedio a Roma
En la primavera de 452 Attila cruzó los Alpes y tomó Aquilea, Padua, Verona, Milán y Pavía, avanzando hacia Roma. El emperador Valentiniano III aceptó negociar. Liderada por el papa León I y acompañada por el prefecto Trigético y el cónsul Avieno, una delegación romana obtuvo una tregua que puso fin a la campaña.
Fin del reinado
Mientras tanto, el nuevo emperador oriental Marciano cruzó el Danubio, amenazando el corazón del Imperio Huno. Attila se retiró a Panonia, donde murió súbitamente en la primavera de 453, posiblemente envenenado o por una hemorragia tras una boda. Fue sepultado en un triple féretro, probablemente bajo el lecho del río Tisza, en la actual Hungría.
Sus hijos Ellac y luego Atila II heredaron un imperio fracturado; las luchas internas entre sus descendientes culminaron en la batalla de Nedao (454) y la desintegración de la confederación hunica.
Imagen legendaria
En la tradición cristiana occidental se le conoce como “el azote de Dios”, una figura de bárbaro despiadado. Sin embargo, los hunos de Attila eran en su mayoría de origen túrquico y contaban con una importante presencia germánica. Su corte adoptó costumbres romanas y mostraba un alto grado de sofisticación.
La figura de Attila ha inspirado leyendas y obras artísticas, desde la ópera de Wagner (“Etzel” en el Canción de los Nibelungos) hasta la mitología germánica (Atli). Curiosamente, el nombre “Attila” proviene de origen gótico y hoy sigue vivo en Hungría y Turquía.
Recientemente, el escritor húngaro Tibor Fonyodi, en su novela The Shaman of Attila, retrata a los hunos como una civilización espiritual y avanzada, resaltando su legado en las estepas eurasiáticas.