El éxodo de los refugiados
El capitán Atkins y sus soldados gurkha pasaron varias semanas bajo la protección de los refugiados. Caravanas de hindúes se dirigían a la India mientras grupos de musulmanes cruzaban hacia Pakistán. Al principio, los desplazados mostraban esperanza, pero pronto el hambre, la sed y el agotamiento transformaron ese ánimo en desesperación.
Condiciones extremas
El calor abrasador hacía insoportable el viaje. Cada objeto, por pequeño que fuera, se volvía una carga insoportable y muchos empezaron a desechar pertenencias. Al llegar a su destino, muchos llegaban sin nada, habiendo perdido todo en el camino.
Los más vulnerables – ancianos, enfermos y niños – abandonaban la marcha rápidamente. Los padres, incapaces de cargar a sus hijos, los dejaban atrás. Estos niños morían de hambre y sed, mientras los ancianos buscaban sombra en la carretera, aceptando su destino final.
Muerte y abandono
Los soldados que acompañaban a las caravanas también asistían en partos improvisados dentro de sus camionetas. Tras el alumbramiento, la madre y el recién nacido seguían su ruta, ya sea hacia la India o Pakistán.
Los caminos entre Lahore y Amritsar, de 45 millas, se convirtieron en fosas comunes. El hedor era insoportable; los buitres, saturados, apenas podían volar y los perros salvajes se alimentaban únicamente del hígado de los cadáveres.
Violencia y ataques
Kailash Verma, superviviente que llegó a Bikaner desde el Este de Punjab, relató que, al no poder llevar a sus bebés, a veces abandonaban a los niños en la carretera. En el caso de las niñas, las dejaban morir para evitar que, en el futuro, fueran forzadas a la prostitución.
Según Larry Collins y Dominic Lapierre, los ataques de los sijs eran particularmente temibles: surgían de los campos de caña y trigo y asaltaban los tramos más débiles de la caravanas, masacrando a quienes quedaban rezagados.
Frecuentemente, caravanas hindúes y musulmanas se encontraban cara a cara en la misma ruta, desencadenando enfrentamientos alimentados por el odio. Los combates a menudo terminaban con muertos de ambos bandos, y se intercambiaban rumores sobre territorios que habían abandonado.
Cifras y consecuencias
Las estimaciones varían, pero se calcula que alrededor de 500 000 personas murieron en los disturbios, con un desplazamiento total de 12 millones. Los actos de violencia incluyeron incendios, secuestros y saqueos de mujeres en todo el país.
El juez G. D. Khosla, en su obra Stern Racking, describe con detalle los levantamientos en Punjab, la Provincia Noroeste, Sind y Bengala. Los líderes del Congreso que formaban el gobierno provisional fueron incapaces de actuar eficazmente.
Según Khosla, entre el 16 de agosto 1946 y el final de 1947, murieron un millón de personas. Otros historiadores británicos, como Pendle Moon y H. V. Hudson, sitúan la cifra entre 200 000 y 250 000 muertos. Las caravanas continuaron movilizando a 1,5 millones de refugiados.
En Bengala, aunque la población desplazada también alcanzó el millón, la región permaneció relativamente tranquila. La crítica internacional se dirigió a los líderes indios y al último virrey, mientras que la Fuerza de Límite de Punjab, compuesta solo por 55 000 soldados, resultó insuficiente para contener la violencia, evidenciando la miopía de Lord Mountbatten y sus asesores.
Conclusión
Los disturbios en Punjab, aunque devastadores, afectaron a cerca de una décima parte de la población india y no se extendieron de forma sostenida a otras provincias.