Alejandro III de Macedonia, conocido como Alejandro Magno, vivió en la segunda mitad del siglo IV a.C. Tras consolidar el poder en Macedonia, emprendió una expedición al Oriente que lo llevó a conquistar Egipto, la Persia aqueménida y, en su extremo más lejano, el noroeste de la India. Su muerte inesperada en 323 a.C. provocó la rápida desintegración del vasto imperio que había creado.
El imperio de Alejandro y su fragmentación
Durante el reinado de Alejandro, el territorio macedonio pasó de ser una pequeña región del norte de Grecia a abarcar Grecia, Siria, Asia Menor, Persia, gran parte de la India y zonas de Asia Central. Tras su fallecimiento, sus generales (los diádocos) se repartieron el dominio, dando origen a varios reinos helenísticos.
El Reino seléucida
El general Seleuco I Nicator fundó el Imperio seléucida en 312 a.C., con capital en Babilonia. En su apogeo, controló desde Asia Menor hasta el noroeste de la India. Sin embargo, conflictos con la dinastía ptolemaica y la creciente presión romana redujeron su territorio, que se fragmentó en varios estados independientes:
- El Reino greco-bactriano (Afganistán) se independizó en 256 a.C.
- Los partos establecieron el Imperio parto en la zona suroeste del mar Caspio en 247 a.C.
- El Reino de Pérgamo surgió en Asia Menor.
Al final del siglo III a.C., el dominio seléucida se limitó a una pequeña parte de Siria.
La dinastía ptolemaica
Tras la muerte de Alejandro, Ptolomeo I Sóter, uno de sus generales, se quedó con Egipto y fundó la dinastía ptolemaica. Los ptolemaicos adoptaron el título de faraón y mantuvieron una política centralizada. Su rivalidad con los seléucidas se centró en Siria, y con el tiempo, tanto los partos como los romanos influyeron en sus asuntos. La dinastía cayó en el 30 a.C. tras la conquista romana y la muerte de Cleopatra VII.
Los reinos surgidos de la desintegración seléucida
El Reino greco-bactriano
Situado en la actual Afganistán, Tayikistán y partes de Kazajistán, el Reino de Bactria se declaró independiente bajo el gobernador Diodoto I en 256 a.C. La zona, poco integrada en la política macedónica, sufrió constantes revueltas. En el siglo II a.C. el reino se expandió hacia el noroeste de la India, influyendo en el arte gandhara. Fue destruido por invasiones escitas y por los iraníes que llegaron desde el este.
El Imperio parto
Fundado por los partos, una tribu nómada iraní, el Imperio parto se consolidó alrededor del 247 a.C. Controló una vasta zona que incluía el actual Irán, Irak y partes de Asia Central. Su posición estratégica en la Ruta de la Seda lo convirtió en un importante intermediario comercial entre Roma y la dinastía Han de China. Los partos mantuvieron una rivalidad constante con los seléucidas y, más tarde, con Roma, protagonizando varias guerras, como la famosa victoria de Craso en 53 a.C. y la posterior derrota de los partos en la batalla de Carras (53 a.C.). El Imperio parto perduró hasta ser reemplazado por los sasánidas en el siglo III d.C.
Conflictos con Roma
Tras la caída del dominio seléucida, Roma y Partia lucharon por la influencia en Armenia y en el Oriente Próximo. En 65 a.C. se firmó un tratado que reconocía al rey parto como gobernante de Armenia, pero la paz fue efímera y los enfrentamientos se reanudaron en el siglo I d.C. La presión romana, sumada a problemas internos, debilitó al Imperio parto.
El Reino de Pérgamo
En el noroeste de Asia Menor, la ciudad de Pérgamo se independizó alrededor del siglo III a.C. bajo la dinastía atálida. Aunque inicialmente aliada de Roma, la falta de sucesores llevó a que, en 133 a.C., su último rey donara el territorio a la República romana. Pérgamo se convirtió en la provincia romana de Asia, manteniendo su legado cultural.
En resumen, el imperio construido por Alejandro Magno se fragmentó rápidamente tras su muerte, dando lugar a una serie de reinos helenísticos que, a su vez, fueron absorbidos por potencias emergentes como Roma y, en el caso de Partia, por la dinastía sasánida.