Contexto histórico
En la época, Palestina estaba bajo ocupación romana. Tras la muerte del rey Herodes el Grande, su reino se dividió entre sus tres hijos; Herodes Antipas heredó Judea. El poder estaba repartido entre tres autoridades: Roma, que ejercía el poder político superior; los reyes locales, que tenían autoridad política menor; y los judíos, que conservaban el poder religioso a través del sumo sacerdote. Todos recaudaban impuestos, lo que agotaba a la población y alimentaba el resentimiento que pronto estallaría en rebelión.
En ese contexto surgió una nueva fe. Sus seguidores rechazaban los ídolos romanos porque creían que el Mesías, Cristo, había llegado. Jesús de Nazaret, un judío palestino, era considerado el salvador que redimiría los pecados del mundo. Su vida está narrada en los Evangelios, escritos por sus apóstoles. Predicó el Evangelio, sanó a los enfermos y, a diferencia de los líderes religiosos, no respetó las leyes judías. Su popularidad creció, lo que alarmó tanto a autoridades romanas como judías. Tras pasar un tiempo en el desierto, Jesús hizo una entrada triunfal en Jerusalén y expulsó a los mercaderes del templo. Enfurecidos, los líderes judíos incitaron a su discípulo Judas Iscariote a entregarlo.
30 o 33

Personajes
- Pontio Pilato
- Jesús de Nazaret
- Judas Iscariote
Procedimiento

Según los Evangelios, después de la Última Cena, Jesús y sus discípulos se dirigieron al Huerto de los Olivos, donde soldados romanos lo arrestaron. Fue llevado ante el Sanedrín, que lo acusó de muerte, y luego entregado a Poncio Pilato, prefecto romano de la provincia, único con autoridad para dictar la pena capital. Pilato no encontró en los cargos judíos una causa suficiente para la ejecución y trató de liberarlo, ofreciendo que el pueblo eligiera entre liberar a Jesús o a Barrabás, acusado de asesinato. La multitud, influenciada por los líderes judíos, pidió la crucifixión de Jesús. Pilato, siguiendo la costumbre judía, se lavó las manos para simbolizar que no asumía responsabilidad.
Jesús fue condenado, flagelado y se le colocó una corona de espinas. Luego los soldados lo entregaron a los judíos para que fuera crucificado. Según la costumbre, tuvo que cargar su cruz hasta el Gólgota, llamado también Monte de los Calaveras. Fue crucificado a la sexta hora; un soldado le ofreció una esponja con vinagre y otro, al perforarle el costado, vio salir agua y sangre. A la novena hora falleció.
Consecuencias
Los judíos temían que el cuerpo del que anunciaba su resurrección fuera robado, por lo que guardaron la tumba con una enorme piedra. Sin embargo, al tercer día el cuerpo había desaparecido. Desde entonces, los cristianos creen en su resurrección y sus discípulos difundieron el cristianismo por todo el mundo.