Gracias a sus conquistas, Julio César amplió considerablemente el mundo romano. Sin embargo, un territorio tan extenso resulta frágil porque es difícil de controlar. Así, el asesinato del dictador provocó una gran inestabilidad y una serie de guerras civiles.
AD 29‑180

Personajes
Octavio Augusto
Marco Aurelio
Trajano
Procedimiento
Octavio, hijo adoptivo de Julio César, se apropió del poder y concentró las máximas funciones del Estado. Pacificó el mundo romano y, en el 27 a.C., recibió el título de Augusto, reservado hasta entonces a los dioses. Fue el primer emperador, marcando el fin de la República y el inicio del Imperio. Para consolidar el dominio y mantener la estabilidad, Augusto impuso la pax romana, una paz que perduró desde el 29 a.C., fin de las guerras civiles, hasta la muerte del emperador Marco Aurelio en 180 d.C.
La pax romana alcanzó su apogeo bajo el reinado de Trajano (98‑117). Su éxito se basó en dos pilares esenciales: el ejército y la red de comunicaciones. Las legiones, con cerca de 400 000 soldados, garantizaban el orden y no dudaban en usar la fuerza para asegurar la seguridad del Imperio. Estas tropas estaban respaldadas por infraestructuras como el limes (frontera fortificada) y la extensa red de vías. Las provincias recién anexadas se conectaban rápidamente al corazón del Imperio, facilitando el desplazamiento de ejércitos (la primera vía importante fue la Vía Apia). Además, la paz favoreció el intercambio cultural y económico mediante el Mediterráneo, los ríos y las famosas calzadas romanas, como la vía Ostiensis. Las provincias aportaban recursos a Roma (trigo de Egipto, aceite de Grecia, etc.), lo que impulsó la producción agrícola y el desarrollo urbano siguiendo el modelo de la capital.
Consecuencias
Gracias a la pax romana, el mundo romano vivió un periodo de prosperidad social, política, económica y cultural. Esta estabilidad permitió al Imperio consolidar y expandir su hegemonía alrededor del Mediterráneo.