En la Grecia clásica, aunque los ciudadanos disfrutaban de derechos y deberes, su participación en la vida política no era obligatoria. Cuando la política interfería con el trabajo diario y con el salario, muchos preferían ausentarse de la asamblea.
A partir del siglo VI a.C., los gobernantes enviaban arqueros escitas con cuerdas rojas para detener a los ausentes. En 451 a.C., Pericles redujo el acceso a la ciudadanía ateniense y necesitó motivar a los ciudadanos a asistir y votar, pero optó por la incitación en lugar de la coerción.
Entre 454 y 450 a.C.

Procedimiento
Para fomentar el sentido cívico, Pericles introdujo el misthos, una remuneración diaria para quienes asistían a la Boulé o a la Helíe. El misthos, que significa “pago” o “remuneración”, compensaba la pérdida de salario al dedicar un día a la vida política. Gracias a este subsidio, incluso los ciudadanos más pobres podían participar. Se distinguían el misthos boulothikos (para la Boulé) y el misthos heliastikos (para la Helíe). El coste era de dos óbolos al día, financiados por el tributo de la Liga de Delos, equivalente a un tercio del salario medio. Con esta medida, Pericles también contrarrestó la popularidad de su rival, Cimon, quien gastaba su fortuna para ganar seguidores.
Consecuencias
El programa, conocido como misthophoria, resultó muy eficaz; llegó a ser necesario que la policía ateniense regulase la gran afluencia a las asambleas. Atenas, única ciudad que aplicó el misthos, se convirtió en la más activa políticamente del mundo griego. Bajo el liderazgo de Cleón, la paga se incrementó a tres óbolos diarios, pero la devastación provocada por la Guerra del Peloponeso (431‑404 a.C.) obligó a suspenderla en 411 a.C.