Historia antigua

Una nueva era, nuevos símbolos

Una nueva era, nuevos símbolos
La dama de Villiers‑Carbonnel, esta estatuilla modelada a partir de una placa rectangular de arcilla, data de alrededor del 4000 a.C. y pertenece a la cultura Chasséen. Su carácter excepcional se debe a la rareza de figuras femeninas en el Neolítico Medio. • INRAP

La revolución neolítica coincidió con una profunda transformación de las actitudes religiosas, una consecuencia directa de la sedentarización. A diferencia de los nómadas de épocas anteriores, los pobladores sedentarios vivían en estrecha proximidad física con los muertos, quienes eran enterrados muy cerca de las viviendas e incluso, en ocasiones, dentro de las casas.

De este nuevo vínculo surgió una forma de culto a los ancestros. Evidencias de ello se encuentran, por ejemplo, en los cráneos de los fallecidos que parecen haber sido utilizados en ceremonias religiosas. Paralelamente, con el establecimiento de los pueblos, se construyeron los primeros edificios dedicados a la conexión con lo sobrenatural. En Göbekli Tepe, en la actual Turquía, se alzan construcciones circulares de piedra seca, con grandes estelas que representan animales, consideradas los primeros templos de la historia.

¿Un culto a la fertilidad?

Resulta, sin embargo, muy difícil precisar las creencias de los hombres neolíticos, pues muchas de ellas parecen heredadas de épocas anteriores. Como en milenios previos, se han hallado numerosas figurillas y frescos que representan toros, animales asociados probablemente al principio masculino y a la virilidad.

También abundan representaciones de mujeres desnudas con rasgos sexuales exagerados. Estas imágenes podrían reflejar un culto a la fertilidad o, al menos, una preocupación directa por la sexualidad y la procreación.