Historia antigua

Los Estados Generales: reflejo de una sociedad de órdenes

Los Estados Generales: reflejo de una sociedad de órdenes

En la Francia del Antiguo Régimen, los Estados Generales del reino constituían una asamblea que reunía a los tres órdenes de la sociedad (también llamados los tres estamentos): el clero, la nobleza y el tercer estado. Los Estados Generales son, por tanto, la manifestación de una sociedad estamental, un mundo social dividido en tres categorías desiguales: los oratores, “los que rezan”, es decir el clero; los bellatores, “los que combaten”, la nobleza; y los laboratores, “los que trabajan”, el tercer estado.

Los Estados Generales no eran permanentes y sólo podían ser convocados por orden del rey, generalmente en situaciones de crisis. Tenían dos competencias principales: podían aprobar reformas del sistema fiscal del reino y, en caso de fallecimiento del monarca sin heredero claro, resolver la cuestión de la sucesión dinástica. No poseían poder legislativo y, por tanto, no podían considerarse una “Asamblea Nacional” antes de su tiempo.

Presentación de quejas

Los diputados de los Estados Generales eran elegidos en circunscripciones locales, llamadas “bailliages” en el norte del reino y “sénéchaussées” en el sur. Su mandato era imperativo: su única tarea consistía en transmitir al soberano los agravios de sus súbditos sin tomar iniciativa personal alguna.

Fue Felipe IV el Hermoso quien creó los Estados Generales en 1302, con el objetivo de afianzar su poder personal en el reino mediante el apoyo de todos sus súbditos. Sus asambleas se celebraron con relativa regularidad durante la Edad Media y a comienzos de la época moderna, pero el auge del absolutismo llevó al rey a prescindir de ellas para gobernar. Convocados en 1614, cuando María de Medici ejercía la regencia en nombre de Luis XIII, los Estados Generales no volverían a reunirse durante 175 años, hasta que la grave crisis financiera obligó a Luis XVI a convocarlos por última vez en 1789.