Una derrota inesperada
La historia, con su lentitud imperturbable, a veces irrita a quien vive el día a día; pero cuando ocurre un acontecimiento, llega de golpe, como un ave de presa que sorprende a su presa. Ya es demasiado tarde. La derrota de 1940, que puede describirse como una “debacle”, es una de esas humillantes catástrofes que oscurecen la historia de Francia, al igual que la batalla de Agincourt en 1415, donde la flor de la caballería fue aniquilada.
El contexto de la “guerra de mentira”
El 10 de mayo de 1940, tras una “guerra de engaño” en la que parecía no suceder nada, Hitler lanzó sus ejércitos contra el Frente Occidental. El 22 de junio, con las fuerzas francesas aplastadas, el mariscal Pétain firmó el armisticio en Rethondes. Contra todo pronóstico, los alemanes lograron una victoria relámpago. Eso ocurrió hace 80 años.
Paralelismos con la crisis contemporánea
La “guerra de mentira” de expectativas ansiosas, tan bien descrita por Julien Gracq en Un balcón en el bosque, nos recuerda la “cómica crisis sanitaria” que vivimos hoy. Un virus furtivo surgió de repente, imponiendo confinamientos generales. La trampa se cerró. ¿Qué nuevas “panzers” económicos y financieros, sumados a la pandemia, nos esperan?
Responsabilidad y resistencia
Este tipo de calamidad puede provocar una profunda reflexión. Algunos culpan al régimen de Vichy de manipular la realidad, mientras que otros destacan la valentía de los soldados, que a pesar de la incompetencia del alto mando, combatieron con determinación. La derrota de 1940 no fue el punto final; la guerra continuó, también en la sombra del territorio ocupado, hasta la liberación.