Introducción
Sabaʾ, mencionado en la Biblia como Seba y Sabá, fue un influyente reino preislámico del suroeste de Arabia. Aparece en relatos bíblicos (Rey Salomón y la Reina de Saba) y en fuentes asirias, griegas y romanas desde el siglo VIII a.C. Su capital principal, en el período medio, fue Maʾrib, situada a 120 km al este de la actual Saná, Yemen. Otra ciudad importante fue Ṣirwāḥ.
Población y civilización
Los sabaeos eran un pueblo semítico que se estableció en el sur de Arabia en una fecha imprecisa, imponiendo su cultura sobre poblaciones autóctonas. Excavaciones en el centro de Yemen revelan una civilización que data de los siglos X‑XII a.C. Durante el llamado “período medio” (siglos VII‑V a.C.) surgieron los mukarrib, líderes que combinaban funciones sacerdotales y políticas, precediendo a los reyes de Saba.
Este período se caracteriza por una intensa actividad constructora: templos, monumentos y, sobre todo, la presa de Maʾrib, esencial para la prosperidad agrícola de los sabaeos. Las alianzas y conflictos con reinos vecinos como Qatabān y Ḥaḍramawt fueron constantes, así como con pequeñas ciudades‑estado independientes.
Economía y comercio
Rico en especias y productos agrícolas, Sabaʾ controló extensas rutas terrestres y marítimas. Durante siglos dominó el estrecho de Bab el‑Mandeb, la entrada del Mar Rojo, y fundó colonias en la costa africana, especialmente en la zona de la actual Etiopía (Antigua Abisinia). Aunque las lenguas sabaea y etíope presentan diferencias significativas, la presencia sabaea en África se mantuvo hasta el siglo I d.C., bajo la soberanía de sus reyes.
Declive y últimos reyes
En el siglo III d.C. el rey Shamir Yuharʿish, el primer personaje históricamente documentado en tradiciones islámicas, adoptó el título de "Rey de Sabaʾ, Dhū Raydān, Ḥaḍramawt y Yamanāt", consolidando la hegemonía sabaea sobre el sur de Arabia. A mediados del siglo IV, el poder de Sabaʾ decayó temporalmente cuando el título pasó al rey de Aksum, que controlaba la costa oriental africana. A finales del mismo siglo el reino recuperó su independencia, pero dos siglos después desapareció, absorbido por invasiones persas y, posteriormente, por los árabes musulmanes.