Los orígenes de la Navidad se encuentran en una mezcla de culturas y religiones de Siria, Egipto, Mesopotamia, Persia, Arabia y la propia Roma antigua. El 25 de diciembre fue celebrado como el nacimiento de diversas deidades solares antes de la aparición de Jesucristo: el dios egipcio Horus, el persa‑indio Mithras, el babilónico Tammuz (también asociado a Yule), entre otros. En Emesa se honraba al Sol Invicto Elagábalo y en Petra al dios sol Dusares/Helios. También se atribuían a esa fecha los nacimientos de Zaratustra, Krishna, Dionisio, Adonis, Attis o el dios nórdico Freyr.
El solsticio de invierno
En el hemisferio norte, entre el 22 y el 24 de diciembre el Sol parece detenerse en el cielo: el solsticio de invierno. En astronomía, esos días marcan el punto en que la declinación solar alcanza su valor más bajo, provocando la noche más larga y el día más corto del año. Las poblaciones antiguas observaron este fenómeno y lo convirtieron en una ocasión festiva. Por eso el 25 de diciembre y los días circundantes aparecen en tradiciones tan distantes como la India, México, el norte de Europa o Etiopía.
El 25 de diciembre en el Imperio romano
La primera aparición del 25 de diciembre como día de celebración oficial en Europa data del año 274 d.C., cuando el emperador Aureliano proclamó el Dies Natalis Solis Invicti (Nacimiento del Sol Invicto). Tras reunificar el Imperio y vencer a la reina Zebida de Palmira, Aureliano buscó unificar a sus súbditos ofreciendo un festival que reuniera a los seguidores de Apolo, Mitra, Isis‑Horus, Helios‑Dusares, los celtas de Mastruca y los germanos de Yule, todos ellos vinculados al símbolo del Sol: la rueda.
En Siria y Egipto el rito era particularmente solemne: los fieles se retiraban a santuarios especiales y, a la medianoche, proclamaban que la Virgen había dado a luz al Sol, representado como un niño. El Sol Invictus llegó a ser el festival más importante del Imperio, superando incluso a la tradicional Saturnalia.
De paganismo a cristianismo
El emperador Constantino, quien también veneraba al Sol antes de abrazar el cristianismo, transformó en 330 d.C. el festejo pagano del 25 de diciembre en una fiesta cristiana dedicada al nacimiento de Jesucristo. Anteriormente, en el año 321, había cambiado el nombre del primer día de la semana de Dies Solis a Dominus (día del Señor).
En el año 337 el Papa Julián I oficializó la fecha como la Navidad, como lo menciona San Juan Crisóstomo en el 390: “En este día, el 25 de diciembre, también se celebra la natalidad de Cristo”. El calendario litúrgico romano de 354 ya incluye la fiesta, y el Papa León I la confirma en 461. La elección de coincidir con el festival solar más popular buscaba facilitar la transición de la población pagana al cristianismo.
En algunas regiones del norte de Europa el nombre tradicional del día del Sol perduró (por ejemplo, Sunday entre los sajones o Sontag entre los germanos), mostrando la profunda huella que el culto solar dejó en la cultura occidental.