Introducción
Las viviendas construidas en la Edad Media diferían notablemente de lo que vemos hoy. Tanto la estructura interna como la externa obedecían a criterios de defensa y economía, y hasta los detalles más pequeños, como las ventanas, tenían un propósito muy distinto al actual.
Razones de su tamaño reducido
Seguridad y defensa
En una época de constantes conflictos, las casas se diseñaban para dificultar el acceso de intrusos. Las ventanas pequeñas permitían observar el exterior sin ofrecer una abertura lo suficientemente amplia como para que un atacante pudiera entrar. En muchos hogares, sólo algunas estancias contaban con pequeñas rendijas para la ventilación, mientras que otras carecían totalmente de aperturas.
El precio del vidrio
El vidrio era un material costoso y escaso. Sólo los propietarios más acomodados podían permitirse colocar cristales en sus diminutas ventanas; la mayoría de las casas campesinas utilizaba persianas de madera o simplemente dejaba los huecos abiertos.
Clima y ventilación
Las pequeñas aperturas ayudaban a regular la temperatura interior. En climas fríos evitaban la entrada de viento helado y lluvia, mientras que en épocas más cálidas permitían la circulación de aire, reduciendo la humedad y el humo de las chimeneas. Sin embargo, la escasa luz natural obligaba a los habitantes a iluminar sus interiores con velas o lámparas de aceite incluso durante el día.
Legado arquitectónico
La mayoría de las casas de campesinos, construidas con madera, paja y barro, se han perdido con el tiempo. Los pocos ejemplos que sobreviven son las mansiones de piedra de la nobleza, más resistentes y mejor conservadas.
Transformación en el Renacimiento
Con la llegada del Renacimiento, la estabilidad política y el auge cultural permitieron abandonar las restricciones feudales. La arquitectura se volvió más estética y funcional: las ventanas crecieron en tamaño, se instalaron cristales más amplios y se decoraron con cortinas y marcos ornamentados. Así, el ventanal dejó de ser un elemento defensivo para convertirse en un punto focal de la vivienda.