Historia antigua

“Ardi”: el primer homínido bípedo

El hallazgo de Ardipithecus ramidus

Un equipo de investigadores del Hunter College de Nueva York analizó numerosos restos humanos de hace aproximadamente 4 millones de años y llegó a una conclusión clara: el primer caminante bípedo fue Ardipithecus ramidus. Los fósiles de este homínido fueron descubiertos en Etiopía y datan entre 5,6 y 4,4 millones de años, situándolos entre nuestros ancestros más antiguos.

Lucy y las primeras huellas de bipedalismo

Las primeras evidencias de bipedalismo provienen de la famosa Lucy, un esqueleto de Australopithecus afarensis de unos 18 años, hallado en 1974 y nombrado por la canción de los Beatles “Lucy in the Sky with Diamonds”. Gracias a sus restos y a otros fósiles encontrados en la misma zona, los científicos han podido trazar detalles cruciales de la evolución humana, demostrando que de ella descendemos los Homo sapiens y que la noción de razas humanas carece de fundamento científico.

Las huellas de Laetoli

Otro hito importante son las huellas de Laetoli, impresas en ceniza volcánica en Tanzania. Estas marcas confirman que, ya en la época de los australopitecos, caminar erguido era una capacidad establecida.

Caminar sin abandonar los árboles

Estudios previos sugerían que, al aprender a caminar, los homínidos dejaron de trepar árboles. Sin embargo, la investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences muestra que la bipedestación no impidió la locomoción arbórea. Los huesos de la cadera de los australopitecos posteriores (incluidos Lucy y los de Laetoli) revelan una progresiva reducción de las adaptaciones para aferrarse a las ramas, pero no su desaparición total.

Ventajas energéticas de la bipedestación

Caminar con dos piernas es mucho más eficiente que hacerlo con cuatro. Un estudio del antropólogo de la Universidad de California, Michael Sockol, calculó que un hombre de 23 kg gasta 13 kcal por kilómetro, mientras que un chimpancé necesita 46 kcal. La bipedestación permitió a nuestros antepasados recorrer mayores distancias y liberar las manos para fabricar y usar herramientas.

Transformaciones anatómicas clave

Varios cambios estructurales hicieron posible esta transición:

  • La pelvis se volvió más corta y redondeada, ofreciendo mejor palanca a los músculos de la cadera.
  • El ángulo del fémur se orientó hacia adentro, alineando los pies bajo el centro de gravedad.
  • La columna adquirió una curva en «S», trasladando el peso a la pelvis y amortiguando la cabeza.
  • El isquion se acortó y se inclinó más hacia atrás, mientras que los músculos de la cadera ganaron mayor capacidad de extensión y rotación, modificando también la forma de los glúteos.

En los simios, los glúteos son pequeños y no influyen significativamente en los isquiotibiales ni en la cadera. En los humanos, la flexión de la cadera activa los glúteos, lo que ayuda a soportar el peso al estar erguido.

Ardi y la capacidad de hiperlenguaje

Ardipithecus poseía la habilidad de hiperextender la cadera para caminar, pero también de mantenerla estable al trepar. No está claro si sus pies aún eran prensiles; de ser así, habría supuesto solo una ligera disminución de la velocidad o un gasto energético marginal.

Persistencia de la eficiencia arbórea

Aunque perdimos los dedos curvados y adaptamos nuestras piernas para la marcha, seguimos conservando una eficiencia comparable a la de nuestros parientes cuando escalamos rocas o árboles.