Historia antigua

Historia del Imperio Bizantino

El Imperio Bizantino

En el año 285 el emperador Diocleciano dividió la administración del Imperio Romano en dos mitades, la Oriental y la Occidental. Entre 324 y 330 Constantino I trasladó la capital de Roma a Bizancio, rebautizada como Constantinopla (también llamada Nova Roma), convirtiéndola en el centro político y cultural del imperio.

Tras la victoria de Constantino sobre Maximiano en la batalla del Puente Milvio (312), el emperador se convirtió en el único gobernante del Occidente. En 313, junto con Licinio, emitió el Edicto de Milán, que garantizó la libertad de culto a todos los habitantes del imperio, incluidos los cristianos.

Consolidación del poder cristiano

Constantino favoreció al cristianismo por razones políticas, viendo en la Iglesia una fuerza social que podía reforzar al Estado. Licinio, por el contrario, protegió al paganismo, lo que provocó una creciente rivalidad que culminó en la derrota de Licinio en la batalla de Crisópolis (324). A partir de entonces, Constantino reinó como único Augusto y fundó la nueva capital, Constantinopla, en el estrecho del Bósforo.

El Imperio bajo Teodosio y Justiniano

Durante el reinado de Teodosio I (379‑395) el cristianismo se convirtió en la religión oficial y se prohibieron las prácticas paganas. Más tarde, Justiniano I (527‑565) logró la máxima expansión territorial del imperio, reconquistando el norte de África, Italia y la propia Roma. Justiniano también ordenó la codificación del derecho romano (Corpus Juris Civilis) y patrocinó grandes obras como la Basílica de San Vital en Rávena y la Hagia Sofía en Constantinopla.

Las campañas militares agotaron las arcas del Estado y, en 542, una devastadora plaga (la Plaga de Justiniano) redujo la población en un 25 %.

Siglos de esplendor y declive

El reinado de Mauricio (582‑602) expandió la frontera oriental, pero su asesinato desencadenó una larga guerra contra el Imperio sasánida que debilitó al imperio. La dinastía macedónica (finales del siglo IX‑principios del XI) restauró la prosperidad, recuperó el control del Adriático y extendió su influencia sobre el sur de Italia y Bulgaria. La cultura floreció: se preservaron textos clásicos, se desarrolló la educación y el arte bizantino alcanzó su apogeo con impresionantes mosaicos.

Caesaropapismo y el Gran Cisma

Desde el siglo VII, el Imperio Bizantino enfrentó la expansión islámica y las invasiones de pueblos nómadas. En 1054 se produjo el cisma entre la Iglesia occidental y la oriental, motivado por la práctica del caesaropapismo —la interferencia del emperador en asuntos eclesiásticos— y por la alianza del papado con los normandos en el sur de Italia.

La caída de Constantinopla

La ciudad fue saqueada en 1204 durante la Cuarta Cruzada y, finalmente, cayó en 1453 ante el sultán Mehmed II, marcando el fin del Imperio Bizantino después de mil años de historia.