El Coloso de Rodas, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, fue una gigantesca estatua de bronce dedicada al dios Helios.
Construcción
La obra fue encargada al escultor Chares de Lindos, discípulo de Lisosipo. Según Filón de Bizancio, la estatua medía unos 32 metros de altura. La base era de mármol, con los pies de bronce asegurados mediante grandes clavijas de hierro. El cuerpo se levantó en capas, incorporando un esqueleto interno de hierro formado por barras y postes horizontales, fijados a la estructura con pernos. Este armazón se reforzó con bloques de piedra.
Técnicas y materiales
Para el fundido de las piezas de bronce se construyó un terraplén alrededor del sitio. Algunos investigadores sugieren que la madera utilizada provino de la enorme torre de asedio Elepolis (40 m), empleada por Demetrio Poliórcete.
Inauguración y uso
La estatua se terminó alrededor del 290 a.C. y pudo haber sido inaugurada bajo el gobierno de Seleuco I Nicator. No está claro si el coloso sostenía una antorcha o una lanza.
Colapso
En los años 224‑223 a.C. un terremoto derrumbó la estatua, que se partió por las rodillas. Estrabón relata que no se volvió a reconstruir por una prohibición sagrada.
Destino de los restos
Los fragmentos permanecieron en el suelo hasta el año 653 d.C., cuando fueron saqueados por los árabes y vendidos a un judío de Emesa. No se conocen más detalles sobre su posterior destino.
Aspectos iconográficos
Se cree que la postura vertical fue elegida por razones estructurales. Chares probablemente se inspiró en la imagen del Sol sobre la cuadriga erigida por Lisipo en Rodas. Las monedas rodenses que representan a Helios no aportan información clara sobre la apariencia del coloso, aunque es probable que la estatua presentara un halo grueso alrededor de la cabeza, como otras representaciones solares encontradas en la isla.
El Coloso de Rodas sigue siendo un símbolo de la ingeniería y el arte de la antigüedad, cuyo misterio continúa fascinando a historiadores y arqueólogos.