La Guerra Fría fue una confrontación político‑militar entre el socialismo y el capitalismo, encabezada por la Unión Soviética y los Estados Unidos.
Este conflicto surgió después de la Segunda Guerra Mundial, concretamente en 1947, cuando el presidente estadounidense Harry Truman pronunció un discurso ante el Congreso en el que afirmó que EE. UU. podría intervenir contra gobiernos no democráticos.
Se le llama “fría” porque las dos superpotencias nunca se enfrentaron directamente en un conflicto armado.
La Guerra Fría culminó con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética en 1991, dejando a Estados Unidos como el supuesto vencedor.
Orígenes (1947)
En 1947, Truman anunció la política de contención del comunismo, prometiendo apoyar a los países libres que quisieran resistir la expansión soviética.
Ese mismo año, el secretario de Estado, George Marshall, lanzó el Plan Marshall, un programa de ayuda económica para la reconstrucción de Europa Occidental, destinado a frenar el auge de los partidos de izquierda.
Estados Unidos temía que revoluciones socialistas crecieran y redujeran su esfera de influencia frente a la URSS.
Como respuesta, la Unión Soviética creó la Kominform, organismo encargado de coordinar los partidos comunistas europeos y de consolidar el bloque del “telón de acero”.
En 1949, Moscú fundó el COMECON, una especie de Plan Marshall para los países socialistas.
Expansión del conflicto
Al término de las negociaciones de paz, Europa quedó dividida según el límite de avance de los ejércitos aliados y soviéticos.
El bloque oriental, bajo ocupación soviética, se convirtió en la zona de influencia del Kremlin. Allí surgieron las llamadas democracias populares en Albania, Rumanía, Bulgaria, Hungría, Polonia y Checoslovaquia.
Yugoslavia, sin embargo, estableció un régimen socialista independiente de Moscú.
En el bloque occidental, dominado mayoritariamente por tropas británicas y estadounidenses, se consolidaron democracias liberales, salvo las dictaduras de España y Portugal.
Ambas superpotencias buscaron ampliar su influencia interviniendo directa o indirectamente en los asuntos internos de los países.
Alianzas militares
La Guerra Fría originó dos pactos militares:
- La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
- El Pacto de Varsovia.
La OTAN, fundada en 1949, integró inicialmente a EE. UU., Canadá, Reino Unido, Francia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Portugal, Italia y, más tarde, a Alemania Occidental, Grecia y Turquía, con el objetivo de contener la expansión soviética.
En 1955 la URSS estableció el Pacto de Varsovia, reuniendo a sus estados satélites (Albania, Alemania Oriental, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia y Rumanía) para garantizar la defensa mutua contra el capitalismo.
Ambos pactos compartían el principio de defensa colectiva: un ataque contra uno sería considerado un ataque contra todos.
El Pacto de Varsovia desapareció entre 1990 y 1991 con la caída de los regímenes socialistas; la OTAN, aunque sigue vigente, ha perdido el sentido original de confrontación este‑occidental.
Incidentes destacados
En la década de 1960 se produjeron dos momentos críticos que elevaron la tensión internacional:
Construcción del Muro de Berlín (1961)
El muro dividió la ciudad en Berlín Oeste y Berlín Este, impidiendo la fuga de profesionales y trabajadores calificados del bloque socialista hacia la Alemania Occidental.
Crisis de los misiles en Cuba (1962)
La URSS intentó instalar misiles nucleares en Cuba, lo que supuso una amenaza directa a EE. UU. En respuesta, Washington impuso un bloqueo naval. Tras intensas negociaciones, Moscú retiró sus misiles a cambio de que EE. UU. retirara los suyos de Turquía.
Carrera espacial
Otro frente de la rivalidad fue la carrera espacial, iniciada a finales de los años 50. La URSS lanzó el primer satélite, Sputnik, en 1957; EE. UU. respondió con el programa Apolo, culminando con la llegada del hombre a la Luna en 1969. La competición también impulsó el desarrollo de misiles intercontinentales y tecnologías de defensa.
Fin de la Guerra Fría (1991)
Los historiadores señalan dos hitos decisivos: la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y la disolución de la Unión Soviética en 1991.
El conflicto ideológico se resolvió gracias a negociaciones entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov durante la década de 1980.
El derrumbe del muro simbolizó el colapso de los regímenes socialistas en Europa del Este; en octubre de 1990, Alemania se reunificó. La desaparición de la URSS abrió paso a la expansión del capitalismo a nivel global.
Consecuencias
En el plano económico, la victoria del capitalismo se tradujo en la difusión del neoliberalismo, con un Estado reducido al mínimo en la economía.
La ruptura de la Unión Soviética dio origen a quince países independientes y desencadenó procesos como la división de Checoslovaquia y la guerra de los Balcanes.
El Pacto de Varsovia desapareció, mientras que la OTAN se transformó en una alianza enfocada en la lucha contra el terrorismo.
Hoy persisten ecos de la Guerra Fría: la división de Corea, la presencia de armas nucleares estadounidenses en bases alemanas y la tensa relación entre Rusia y EE. UU.
Lee más:
- Segunda Guerra Mundial.
- Capitalismo.
- Preguntas sobre la Guerra Fría.
- Crisis de los misiles.
Referencias bibliográficas
VIEIRA, Neide Paiva. Cold War: Challenge, Confrontations and Historiography. Cuaderno pedagógico. Maringá: Secretaría de Educación del Estado de Paraná, 2008.
Documental: A Century of Wars – The Iron Curtain (Cold War). Producción: Nugus/Martin Productions Ltd., Reino Unido, 1993. Disponible en el canal Museu do Vizao. Consultado el 25 de junio 2020.