La monarquía constitucional en Inglaterra surgió tras siglos de absolutismo real, cuando el abuso de poder llevó al pueblo a exigir libertades. La lucha por el trono culminó en la Revolución de 1688, que depuso a Jacobo II y colocó a Guillermo de Orange en el poder. Para evitar un nuevo absolutismo, el Parlamento obligó al nuevo monarca a aceptar una Declaración de Derechos, sentando las bases de la democracia británica.
Reinado de Carlos II (1660‑1685)
Carlos II, hijo de Carlos I, recuperó el trono tras la Restauración y tomó venganza contra sus opositores: ejecutó a varios parlamentarios y exhibió el cuerpo de Oliver Cromwell antes de quemarlo. Entre los hechos más destacados de su reinado están:
- Habeas Corpus: garantía que todo detenido fuera juzgado dentro de las 24 horas, permitiendo al preso impugnar su detención.
- La aparición de dos partidos rivales, los Tories (conservadores) y los Whigs (liberales), cuyas disputas perduraron hasta el siglo XIX.
Reinado de Jacobo II (1685‑1688)
Al morir Carlos II, le sucedió su hermano Jacobo, un católico inflexible que intentó reconciliar la corona inglesa con el Papa, reviviendo el conflicto iniciado por Enrique VIII. La oposición del Parlamento y del pueblo lo hizo impopular y preparó el terreno para su derrocamiento.
Revolución de 1688 (Revolución Gloriosa)
Guillermo de Orange, príncipe de Holanda y yerno de Jacobo II, fue invitado por los nobles y parlamentarios a ocupar el trono. Con una flota de 13 000 hombres desembarcó en el sur de Londres; Jacobo, sin ejército, huyó al exilio y arrojó el Gran Sello de la Corona al Támesis. Guillermo entró en la ciudad sin derramamiento de sangre y se proclamó rey bajo el nombre de Guillermo III.
La monarquía constitucional
Para limitar el poder del nuevo monarca, el Parlamento le impuso la Declaración de Derechos, que establecía:
- Únicamente el Parlamento podía crear impuestos.
- Todo ciudadano tenía derecho a participar en la iniciativa legislativa.
- Se instauró el jurado para los juicios penales.
- El Parlamento debía reunirse con regularidad.
Con estas garantías, Inglaterra inició un período de prosperidad que la convirtió en una gran potencia.
El poder marítimo inglés
Su condición de isla obligó a Inglaterra a defender sus costas y a desarrollar una flota poderosa. Las experiencias de la conquista normanda, la Guerra de los Cien Años y la derrota de la Armada Invencible impulsaron la creación de una armada y de una flota mercante que transportaba los productos de sus colonias. Los astilleros británicos, los más avanzados de Europa, sirvieron de modelo para Holanda y Rusia. Simultáneamente, a finales del siglo XVII, surgió la Revolución Industrial.
La Revolución Industrial
El término se refiere a la serie de cambios económicos y sociales iniciados en el siglo XVII con la aparición de la primera maquinaria. La invención del telar mecánico, la utilización de energía hidráulica y la mecanización de la agricultura provocaron profundas transformaciones sociales. Los trabajadores, al ver que las máquinas reemplazaban su mano de obra, respondieron con protestas violentas, incendios de fábricas y resistencia.
A pesar de la turbulencia, la Revolución Industrial aumentó la producción, el comercio y la riqueza. Surgió una conciencia de clase entre el proletariado, que más tarde alimentó el desarrollo del socialismo en el siglo XIX.
El parlamentarismo inglés
Desde sus orígenes medievales, el Parlamento británico, bicameral (Cámara de los Comunes y Cámara de los Lores), ha controlado los actos del gobierno y ha resuelto los problemas más delicados del Estado. La transparencia y el debate público de los asuntos nacionales permitieron a Inglaterra avanzar y crecer, a diferencia de otros países europeos donde el absolutismo monárquico limitaba la discrepancia de opiniones. El parlamentarismo se ha convertido en una de las bases de la grandeza inglesa.