Orígenes y evolución
Los granaderos surgieron como una categoría distinta de infantería en el siglo XVII, aunque las granadas —de origen incendiario, biológico o explosivo— existían desde siglos antes. En el ejército austríaco, los granaderos dejaron una historia propia, especialmente durante la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas.
Desde aproximadamente 1700 hasta 1805, los regimientos de infantería austríacos mantenían una organización similar: dos batallones de infantería con seis compañías de mosqueteros y un batallón de infantería con cuatro compañías. Cada regimiento también contaba con dos compañías de granaderos de élite.
El papel de la granada
Como su nombre indica, los granaderos eran los soldados que utilizaban granadas (granate en alemán). Cada granadero llevaba entre 3 y 5 granadas en una funda especial, con mecha y pedernal. Sin embargo, a partir de 1720 dejaron de emplear granadas en combate, reservándolas solo para asedios.
Armamento y uniforme
Además de la granada, los granaderos portaban el armamento típico de la infantería de la época: mosquete de ánima lisa, espada y bayoneta. Su uniforme era idéntico al del resto de la infantería, salvo por el alto sombrero de piel que los distinguía.
En 1792, cuando la Francia “democrática” declaró la guerra a Austria, el regimiento de infantería mantenía la organización descrita. Cada compañía de granaderos contaba con unos 140 hombres: un capitán, un teniente, un subteniente, un cabo, cuatro suboficiales, un sargento y 131 granaderos. Este modelo se mantuvo hasta 1805, cuando entraron en vigor las reformas del controvertido general Mack.
Reformas de 1805 y su reversión
Según el nuevo cuadro organizativo, cada regimiento disponía de cuatro batallones de mosqueteros de cuatro compañías y un batallón de granaderos también de cuatro compañías, cada una con 160 hombres. Tras las desastrosas derrotas de Ulm y Austerlitz, las reformas de Mack fueron descartadas y, bajo el mando del archiduque Carlos de Habsburgo, se restableció el modelo anterior, con la diferencia de que el batallón de campaña quedó activo.
Desde la época de las guerras del gran príncipe Eugenio de Saboya, las compañías de granaderos se separaban de los formaciones habituales para crear batallones independientes, cada uno compuesto por cuatro compañías. Esta fuerza de élite solía constituir la reserva del mando y se desplegaba para reforzar una línea que mostrara signos de debilitamiento o para lanzar una carga decisiva contra el enemigo.
Entrenamiento y tácticas
Los hombres asignados a las compañías de granaderos eran, por regla general, los más robustos y aptos. Recibían un entrenamiento riguroso que les permitía disparar rápido y con precisión, así como luchar cuerpo a cuerpo con espada y bayoneta. La formación de batalla habitual era la línea de tres filas; a partir de 1805 también se adoptó la falange de ataque.
Contra la caballería enemiga podían formar un cuadrado abierto, una “masa” (una densa formación falángica) o, si la caballería no podía flanquearles, mantener la línea y repeler el asalto con fuego y bayonetas.
Uniforme y equipamiento
Los granaderos vestían el uniforme blanco estándar de la infantería, con los colores del regimiento en las mangas, el cuello y los puños. Al igual que el resto de la infantería, llevaban pantalones cortos y altas polainas negras que llegaban casi a la rodilla.
Al haber abandonado la granada, portaban una caja de cartuchos negra de madera con un escudo metálico flameado, su emblema, colgado del hombro izquierdo mediante una correa de cuero blanco. En los regimientos húngaros, los granaderos llevaban pantalones azules ajustados.
Del hombro derecho pendían la espada y la bayoneta, así como una corredera marrón que servía como cantimplora. El bolso era idéntico al de los mosqueteros y estaba cubierto con una tela gris. La espada medía unos 50 cm, ligeramente curvada; la de los suboficiales era algo más larga.
Los oficiales subalternos vestían el mismo uniforme que sus hombres, con la manga rematada por una fila de botones metálicos. Llevaban un cinturón bordado en oro, botas y espadas curvas largas. En los sombreros lucían un escudo metálico con el águila bicéfala de los Habsburgo. Hasta 1798‑1800 los suboficiales y granaderos utilizaban el mosquete modelo 1748; a partir de entonces adoptaron el modelo 1798 de calibre 17,5 mm, que pesaba unos 4,55 kg.
Participación en los principales combates
Los granaderos austríacos se distinguieron en todas las batallas en las que combatieron, ganaran o perdieran: Zemun (1792), Marengo (1800), Aspern‑Essling, Wagram y Teutoburgo (1809), Dresde y Leipzig (1813).
