Uso de los lanzallamas en la Gran Guerra
Los lanzallamas, aunque su desarrollo se completó a finales del siglo XIX, llegaron al campo de batalla durante la Primera Guerra Mundial y demostraron ser armas extremadamente destructivas en la guerra de trincheras.
Primeras apariciones
El Ejército alemán fue el pionero en emplearlos en 1915, durante la ofensiva en Givenchy‑les‑La Bassée. La unidad especializada alemana, conocida como Flammenwerfer‑Trupp, utilizó el dispositivo para despejar posiciones enemigas y neutralizar refugios.
Adopción por otras naciones
Los franceses, impresionados por la efectividad alemana, incorporaron rápidamente sus propios lanzallamas. Asimismo, el Cuerpo Expedicionario Americano los introdujo en 1918, utilizándolos en los últimos combates del conflicto.
En conjunto, los lanzallamas fueron empleados principalmente para atacar trincheras, búnkeres y refugios subterráneos, donde su capacidad para incinerar rápidamente a los defensores resultaba decisiva.