Al llegar los europeos, el Imperio Inca contaba con aproximadamente 12 millones de habitantes. En pocas décadas después de la conquista española, la población se redujo hasta un 90 %, debido a una combinación de factores.
Colapso demográfico
Enfermedades introducidas por los españoles, conflictos armados y hambrunas masivas diezmaron a la población indígena, provocando una caída sin precedentes.
Destrucción cultural
Los conquistadores mostraron escaso interés por preservar la herencia inca. Destruyeron templos, quemaron manuscritos y obligaron a la población a adoptar el cristianismo, lo que provocó la pérdida de gran parte de la historia y tradiciones incas.
Alteración económica
Se impuso un nuevo modelo económico basado en la minería y la agricultura de encomienda. Este sistema desplazó a numerosos incas de sus tierras tradicionales y de sus formas de subsistencia.
Estructura social jerárquica
Los españoles instauraron una jerarquía que situaba a los europeos en la cúspide y relegaba a los indígenas a la base, generando discriminación y explotación sistemática.
Resentimiento persistente
El recuerdo de la conquista y de las atrocidades cometidas sigue vivo entre los descendientes de los incas. Ese resentimiento se ha traducido en tensiones continuas entre los pueblos indígenas y el Estado peruano.
En conjunto, la caída del Imperio Inca desencadenó un colapso demográfico, una destrucción cultural, una crisis económica, una estratificación social rígida y un resentimiento que perdura hasta la actualidad.