Urbanización
El surgimiento de las primeras civilizaciones estuvo marcado por el desarrollo de asentamientos permanentes, conocidas como ciudades o centros urbanos. Estas urbes funcionaban como núcleos de comercio, intercambio cultural y poder político.
El crecimiento de las ciudades propició jerarquías sociales complejas, sistemas económicos diversificados y avances tecnológicos significativos.
En contraste, las comunidades de cazadores‑recolectores se organizaban en grupos pequeños y nómadas, dependientes de la caza y la recolección para su subsistencia.