Formas del relieve en el período Jurásico
Durante el Jurásico (≈201‑145 Ma) el supercontinente Pangea comenzó a fragmentarse, lo que dio origen a una serie de relieves característicos.
Supercontinentes y rifts
El enorme Pangea seguía unido, pero las primeras grietas que más tarde formarían el Atlántico se abrieron, creando valles de rift y cuencas sedimentarias.
Montañas
Las Montañas Apalaches, formadas en el Paleozoico, permanecían como una cadena importante. En el oeste, la orogenia que dio origen a los actuales Montes Rocosos iniciaba su desarrollo.
Mesetas y cuencas
Regiones como la actual Meseta de Colorado comenzaron a elevarse, mientras que extensas cuencas interiores albergaban depósitos de sedimentos.
Valles y cañones
La actividad erosiva del viento y el agua empezó a esculpir valles profundos; aunque el Gran Cañón tal como lo conocemos se formó mucho después, sus fundamentos sedimentarios datan del Jurásico.
Desiertos y ambientes áridos
Grandes áreas continentales presentaban clima árido, precursores de lo que hoy es el desierto del Sahara, con extensas dunas y llanuras de grava.
Procesos que modelaron el relieve
Deriva continental: El movimiento de las placas tectónicas provocó la ruptura de Pangea, la elevación de cadenas montañosas y la formación de cuencas.
Erosión: El viento y el agua desgastaron rocas, creando cañones y modelando mesetas.
Vulcanismo: Erupciones volcánicas generaron montañas y extensas capas de lava que influyeron en el relieve local.
Impacto en la biodiversidad
Estos variados paisajes ofrecieron múltiples hábitats para la flora y fauna del Jurásico, adaptadas a un clima cálido y húmedo con abundante vegetación.