Descubrimientos arqueológicos

Lord Carnarvon, el mecenas de Howard Carter y origen de la leyenda de la maldición de Tutankamón

Primeros años y origen noble

George Edward Stanhope Molyneux Herbert nació en Hampshire, Inglaterra, en 1866. Era hijo del conde Henry Herbert, Earl of Carnarvon, por lo que desde pequeño recibió el título de Lord Porchester. Estudió en los prestigiosos colegios de Eton y Trinity College (Cambridge) y, tras la muerte de su padre en 1890, heredó la dirección del condado.

Matrimonio y fortuna

En 1895 se casó con Almina Victoria Maria Alexandra Wombwell, hija ilegítima del banquero Alfred de Rothschild. La dote de medio millón de libras le permitió saldar las deudas familiares y le abrió las puertas de la influyente familia Rothschild.

Pasiones aristocráticas

Con su fortuna, Carnarvon invirtió en pura sangre y en la moda de la época: la automovilística. También desarrolló un gran interés por la egiptología, disciplina que vivía su renacimiento desde la expedición de Napoleón a Egipto. Estas dos aficiones acabarían por cruzarse y marcar su destino.

Problemas de salud y el traslado a Egipto

En 1901 sufrió un grave accidente en Alemania al intentar esquivar una carreta de bueyes. El choque le dejó fracturas, una conmoción cerebral y quemaduras en las piernas, además de daños permanentes en los pulmones. Los médicos le recomendaron abandonar el clima húmedo de Inglaterra y buscar un entorno más cálido y seco.

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Egipto se convirtió en su refugio de invierno. Allí comenzó a adquirir antigüedades y, sin experiencia arqueológica, pidió consejo a Sir William Garstin, quien le facilitó una licencia de excavación. Necesitaba a alguien que conociera el terreno: le recomendó al egiptólogo francés Gaston Maspero, quien a su vez le presentó a Howard Carter.

Howard Carter, el arqueólogo sin título

Carter no había cursado estudios universitarios, pero había trabajado como asistente de los renombrados arqueólogos Flinders Petrie y Edouard Naville, hasta llegar a ser inspector de antigüedades en El Cairo. Desempleado tras un altercado con saqueadores franceses, aceptó gustoso el patrocinio de Carnarvon; su colaboración duraría dieciséis años.

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Los inicios de la excavación

Comenzaron en 1907 excavando en Deir el‑Bahari y, en 1914, se trasladaron al Valle de los Reyes. La Primera Guerra Mundial obligó una pausa hasta 1917, cuando retomaron los trabajos que continuaron hasta 1922.

En 1922, cansado y con la salud deteriorada, Carnarvon decidió abandonar la arqueología. Sin embargo, el 4 de noviembre recibió un telegrama de Carter anunciando un "maravilloso descubrimiento": una tumba con sellos intactos.

El hallazgo de la tumba KV‑62

El 22 de octubre, Carter descubrió unos escalones que conducían a una entrada parcialmente bloqueada. Tras abrirla con una piqueta y asegurar el paso, notificó a las autoridades y a su mecenas. Acompañado de su hija Evelyn, Carter inspeccionó la cámara preliminar y encontró el escarabajo de Tutankamón, aunque también señales de saqueadores.

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Al día siguiente hallaron otra puerta con un sello roto, pero imposible de haber sido atravesada por ladrones. Carter la abrió con un martillo y una vela, y la escena que siguió se ha reproducido innumerables veces:

Carnarvon: —¿Ves algo valioso?
Carter: —Sí, cosas maravillosas.

Al iluminar la cámara funeraria, descubrieron cofres, estatuas, un trono, cuatro carruajes de guerra, cientos de arcas, vasijas de alabastro y, finalmente, la cámara principal con tres sarcófagos concéntricos. En el interior del más interno reposaba la momia de Tutankamón, coronada por su famosa máscara de oro.

Lord Carnarvon, el mecenas de Howard Carter y origen de la leyenda de la maldición de Tutankamón

La difusión mundial y la controversia

El hallazgo se dio a conocer en todo el planeta, y la prensa atribuyó el éxito a Carnarvon, quien escribió personalmente una carta al British Museum anunciándolo. Carter, por su parte, recibió críticas de colegas que cuestionaban su falta de título académico.

En febrero de 1923 surgió una disputa sobre la distribución de los tesoros: Carter quería entregarlos al Estado egipcio, mientras que Carnarvon aspiraba a conservar parte por prestigio. Finalmente se reconciliaron y continuaron con la catalogación y conservación.

La muerte de Lord Carnarvon y el origen de la maldición

Tras la discusión, Carnarvon se alojó en el Winter Palace Hotel de Luxor. El 19 de marzo se despertó con fiebre de 38 °C, que atribuyó a una picadura de mosquito mientras se afeitaba. Ignoró el consejo médico de reposar, abstenerse de alcohol y seguir el tratamiento prescrito. Su estado empeoró y, el 5 de abril, falleció en el Hotel Continental‑Savoy de El Cairo.

Lord Carnarvon, el mecenas de Howard Carter y origen de la leyenda de la maldición de Tutankamón

Su muerte alimentó la famosa "maldición de Tutankamón": la prensa sensacionalista vinculó su fallecimiento y el de otras personas relacionadas con la excavación (trabajadores egipcios, asistentes, incluso el propio Carter) a una supuesta maldición. Con el tiempo, se añadieron relatos extravagantes: cuervos que atacaban, perros muertos, apagones en El Cairo, canarios devorados por cobras y una supuesta herida en el cuello de la momia.

Sin embargo, estudios posteriores refutan la existencia de una maldición. El propio Carter vivió hasta 1939 y millones de turistas han visitado la tumba sin incidentes mortales.

Explicaciones médicas

Se han propuesto diversas causas para la muerte de Carnarvon: septicemia, exposición a micotoxinas de hongos presentes en la tumba, etc. Un artículo de The Lancet concluye que la causa más probable fue una insuficiencia multiorgánica provocada por una neumonía secundaria a una erisipela, una infección estreptocócica que afectó su piel y vasos linfáticos, agravada por su sistema inmunitario debilitado.

Su viuda, Lady Almina, repatrió el cuerpo a Inglaterra y lo enterró en Beacon Hill, en su finca de Hamphshire, bajo una sencilla lápida rodeada de una valla. Según la tradición, al final del funeral un médium advirtió al hijo de Carnarvon, Henry Herbert, que no se acercara a la tumba para evitar que la supuesta maldición se trasladara a él.