Descubrimientos arqueológicos

Detectar naufragios en el fondo oceánico desde satélites

Satélites que localizan restos sumergidos

Los barcos hundidos liberan partículas en suspensión que pueden ser detectadas por satélites como Landsat‑8. Esta técnica permite identificar naufragios peligrosos de la Primera y Segunda Guerra Mundial sin necesidad de buceo.

Detectar naufragios en el fondo oceánico desde satélites

¿Cómo funciona?

Los restos generan materia particulada en el agua (SPM) a causa de la erosión del lecho marino. Los sensores de alta resolución capturan concentraciones de estas partículas, revelando la posición de los naufragios a profundidades de hasta 15 m. Un estudio publicado en el Journal of Archaeological Science demostró que se pudieron delimitar cuatro buques cerca del puerto de Zeebrugge, en el Mar del Norte. Según Matthias Baeye, del Real Instituto de Ciencias Naturales de Bélgica, "esta técnica debería ser aplicable a naufragios a mayores profundidades".

Riesgos medioambientales de los naufragios

Más del 70 % de los naufragios en aguas europeas datan de los dos conflictos mundiales y contienen sustancias tóxicas no biodegradables. La corrosión metálica avanza a aproximadamente 0,01 cm por año, amenazando con liberar petróleo, municiones y agentes químicos como el gas mostaza. Michel L’Hour, director del DRASSM en Marsella, advierte que "el problema ya está en marcha, sobre todo para los buques de la Primera Guerra Mundial, sumergidos durante un siglo".

El Atlántico Norte alberga el 25 % de los naufragios potencialmente más contaminantes del planeta, con casi el 38 % del volumen total de petróleo atrapado. La mayor amenaza son las municiones y los químicos que transportaban; al corroerse, pueden formar una pasta amarilla que los peces ingieren, alterando su ADN y poniendo en riesgo la salud humana.

Contaminación por mercurio

Un caso emblemático es el del submarino alemán U‑864, torpedeado frente a Bergen en 1945. Transportaba 67 toneladas de mercurio en cilindros de acero. En 2005 se encontró uno de estos cilindros a 150 m de profundidad, abierto por corrosión, con el mercurio escapado al entorno. Hasta 2016 el naufragio no había sido recuperado.

Estas nuevas técnicas de detección permitirán cartografiar y monitorear los naufragios de forma más eficaz, anticipando los problemas medioambientales que puedan surgir.