El Museo del Louvre está digitalizando una colección excepcional de modelos de hígados de oveja. Gracias a la reconstrucción 3D, ahora es posible profundizar en el arte de la adivinación mesopotámica.
Descubiertos en el yacimiento mesopotámico de Mari (actual Siria), estos modelos forman parte de los 16 que ya han sido digitalizados y que se estudian en el Louvre.
Este artículo proviene de la revista Sciences et Avenir n.º 827, de enero de 2016. Puedes acceder a él mediante el enlace al final de este texto.
Divinación en la Sumeria
Hace más de 3.800 años, la primera gran civilización del mundo, surgida en el sur de Mesopotamia, practicaba la adivinación como una de sus principales actividades. En la fértil zona entre el Tigris y el Éufrates, los oráculos intentaban predecir el futuro observando los hígados de oveja, como lo demuestran los extraordinarios modelos de arcilla que han sobrevivido.
Estos “hígados adivinatorios” sumerios son los testimonios más antiguos que poseemos de esta práctica. Directamente moldeados a partir de órganos sacrificados, reproducían malformaciones o anomalías hepáticas para ser interpretadas.
Para estudiarlos con mayor detalle, investigadores del Louvre los están convirtiendo en modelos 3D dentro de una ambiciosa campaña internacional que también digitaliza tabletas sumerias en las mayores instituciones del planeta. El proyecto se enmarca en el informe «Cincuenta propuestas francesas para la protección del patrimonio de la Humanidad», presentado el 17 de noviembre al presidente de la República por Jean‑Luc Martinez, director del Louvre.
El papel del adivino en la vida cotidiana
En Mesopotamia, ninguna decisión se tomaba sin consultar a un adivino, llamado bârû. Desde el comerciante más humilde hasta el rey, todos recurrían a la hepatoscopía antes de fundar un palacio, iniciar una obra pública o lanzar una campaña militar.
Los oráculos formulaban sus presagios como “recetas” compuestas por una protasis (condición) y una apodosis (consecuencia). Por ejemplo: «Si el enemigo conquista el canal, ocurrirá tal cosa…».
Los modelos de Mari: ¿instrumentos de enseñanza?
Julien Curie, investigador del laboratorio ArScAn (Arqueología y Ciencias de la Antigüedad) de la Universidad de Nanterre, analiza los 16 modelos de arcilla conservados en París, de los 32 hallados en Mari por André Parrot entre 1935 y 1936. Estos objetos fueron extraídos de los restos del palacio del rey Zimrilim, destruido por un incendio en 1759 a.C., y llevan inscripciones cuneiformes en acadio.
Según Curie, la forma de cada hígado constituía la protasis, mientras que las inscripciones representaban la apodosis. «Estos hígados son todos diferentes», afirma. «Nos preguntamos si la diversidad de formas está vinculada a la naturaleza de los presagios descritos».
Para responder, realiza análisis morfométricos que modelan las formas hepáticas y permiten comparaciones sistemáticas.
Descifrando los augurios
Laurent Colonna d’Istria, epigrafista de la Universidad de Liège, ha refinado las traducciones de las inscripciones de los años 30. Entre los augurios hallados aparecen predicciones dirigidas al rey Sargón (2334‑2279 a.C.), a la captura de la ciudad de Apisal por Naram‑Sin y a la destrucción de Ur a manos de Elam. Otros presagios anticipan rebeliones o conquistas futuras.
Una cuestión persiste: ¿por qué crear réplicas de arcilla si la adivinación se hacía sobre órganos reales? La hipótesis más aceptada es que los modelos servían como material didáctico para entrenar a futuros hepatoscopas.
Una "enciclopedia" de un solo escriba
Los estudios de Colonna d’Istria revelan que los 16 modelos fueron elaborados por un único escriba, quien probablemente quiso compilar tradiciones de distintas regiones en una especie de “enciclopedia divinatoria”. Este conjunto se encontró en la misma sala del palacio incendiado, lo que sugiere su uso colectivo.
Los modelos atestiguan el universo cultural de los mesopotámicos y, posteriormente, de griegos y romanos, quienes también cultivaron la adivinación. Un mundo minuciosamente inventariado, donde todo lo inexplicable debía ser interpretado.
Fuente: Sciences et Avenir, n.º 827, enero 2016.