Arqueología en la Huaca Bellavista
El 23 de agosto de 2017, el Ministerio de Cultura del Perú, junto a la arqueóloga Roxana Gómez, anunció un hallazgo sorprendente en la cima de la Huaca Bellavista, una pirámide de adobe de unos 800 años construida por la cultura precolombina Ychsma cerca de Lima. Allí se encontraron los restos de 16 inmigrantes chinos del siglo XIX, algunos envueltos en simples telas y otros en ataúdes de madera. Uno de los cuerpos aún conservaba una trenza y, curiosamente, junto a otro hallaron una pipa de opio.
Este descubrimiento plantea la pregunta: ¿por qué había trabajadores chinos enterrados en un sitio sagrado preincaico?
Una tierra de inmigración china
Entre 1849 y 1874, Perú recibió casi 100 000 chinos, principalmente de las provincias de Fujian y Guangdong, para suplir la falta de mano de obra tras la abolición de la esclavitud en 1854. Los grandes hacendados y los concesionarios de las explotaciones de guano contrataron a estos “coolies” bajo contratos abusivos que los enviaban a trabajar en haciendas de azúcar, algodón y guano. Como explicó la antropóloga Isabelle Lausent‑Herrera, estos migrantes huían de la inestabilidad provocada por las Guerras del Opio y los levantamientos agrarios en China.
Una vez en Perú, muchos quedaron atrapados en condiciones extremas: sin familia, víctimas de abusos y discriminación, y a menudo alojados en barracones insalubres. La desesperación llevó a numerosos suicidios y a una alta mortalidad, lo que explica la presencia de enterramientos improvisados.
Cementerios prohibidos
En el siglo XIX los chinos no podían ser sepultados en los cementerios cristianos de Lima. Por eso, los hacendados utilizaban espacios no consagrados, como las huacas, para enterrar a los trabajadores no bautizados, mayormente budistas o confucianos. Hallazgos similares se han registrado en otras huacas de la costa norte, como en Tarma y Casma.
Hacia finales del siglo XIX, la situación mejoró ligeramente: en áreas urbanas algunos chinos fueron bautizados al morir y pudieron ser enterrados en cementerios públicos. A pesar de estas mejoras, la inmigración china estuvo sujeta a restricciones crecientes, prohibiéndose completamente en 1930.
Hoy, la comunidad china de Perú es la más antigua de América, con raíces que se remontan a mediados del siglo XIX.
Fuentes: Isabelle Lausent‑Herrera, Journal of the Society of Americanists (1994); European Journal of International Migration (2009).