Tras el devastador incendio del 15 de abril de 2019, se creó la Asociación de Científicos al Servicio de Notre‑Dame de París, un colectivo de cerca de 250 investigadores (arqueólogos, historiadores, conservadores, químicos y antropólogos) respaldado por el CNRS. Su objetivo es aportar conocimientos científicos a la restauración del monumento.

El fuego destruyó la aguja, el 15 % de las bóvedas y casi todo el tejado, que durante ocho siglos había sido sostenido por la legendaria “bosque” de vigas de madera procedentes mayormente de árboles talados alrededor del año 1200.
Cuatro meses después, los restos carbonizados (vigas, fragmentos de piedra y metal) fueron retirados para ser analizados minuciosamente. Aunque la catedral ha sido excavada antes, el arqueólogo Didier Busson asegura que “todavía está llena de lugares inexplorados”.
Excavaciones consistentemente exitosas
Busson, especialista en los orígenes de París desde la protohistoria hasta la Edad Media, comenzó su carrera investigando la cripta. En 1982, durante la instalación de calefacción urbana, descubrió reutilizaciones de pilares románicos en los cimientos de la nave gótica, así como posibles sepulturas de obispos medievales.
El subsuelo de Notre‑Dame siempre ha revelado tesoros. En 1625, al construir una fuente en el parvis, los obreros hallaron columnas de mármol probablemente romanas, reutilizadas en el baño de María de Médici en el Louvre. La fuente fue demolida en 1748.

En 1711, durante la excavación del primer bóveda para los arzobispos, se descubrió el famoso Pilier des Nautes, una columna galo‑romana del siglo I d.C. erigida en honor a Júpiter por los armadores de Lutecia. Más tarde, en 1847, Théodore Vacquer detectó una enorme estructura bajo la plaza que parecía una basílica merovingia o carolingia.
Viollet‑le‑Duc documentó en 1858 la aparición de muros de la antigua iglesia de San Marcel, así como tres cofres a 20 cm del suelo.
“Si excavamos, encontraremos cosas”
Según Busson, bajo la actual Notre‑Dame se superponen varios edificios: una primera iglesia cristiana temprana, una basílica merovingia, una carolingia y la catedral románica que dio paso a la gótica. Muchos de sus elementos fueron reutilizados o quedaron ocultos a pocos centímetros del nivel actual.
Esta complejidad obliga a que los trabajos de restauración, previstos por el presidente Emmanuel Macron en cinco años, se realicen con extrema cautela. “Un arqueólogo debe estar presente permanentemente para intervenir en cuanto se abra un hueco”, advierte Busson.

El 19 de abril de 2019, el CNRS creó el “sitio científico de Notre‑Dame”. Siete grupos de trabajo se centran en piedra, madera, metales, vidrio y otros materiales, apoyando la investigación de emergencia del Ministerio de Cultura.
Secretos aún bien guardados
Busson sueña con reanudar las excavaciones de 1711 si se refuerza el coro o se interviene el subsuelo, con la esperanza de localizar la continuación del Pilar de los Náuticos. También le gustaría explorar la zona de la rue du Cloître, donde una vez existieron las iglesias de Saint‑Jean‑le‑Rond y Saint‑Denis du Pas, cuya historia sigue siendo oscura.
Por ahora, la fase de consolidación aún no ha finalizado y la restauración no comenzará antes de la primera mitad de 2020. Una vez completado el diagnóstico estructural, un concurso internacional decidirá si la nueva Notre‑Dame se inclina más hacia la audacia o la tradición.