Un amplio análisis genómico ha revelado la existencia en Gran Bretaña de una ola migratoria desconocida que llegó desde Francia durante la Edad del Bronce.

Un cráneo con costillas semejantes a alas… Este individuo de la Edad del Bronce, descubierto en el yacimiento arqueológico de Cliffs End Farm, en Kent, podría haber formado parte de la importante migración a Gran Bretaña que revelan los recientes estudios genéticos.
Presentado como el análisis genómico más amplio jamás realizado, los resultados de un nuevo estudio de ADN antiguo acaban de publicarse. Muestran una migración humana significativa entre lo que hoy es Francia y el sur de Gran Bretaña (Inglaterra y Gales) durante la Baja Edad del Bronce, entre 1000 y 875 a.C. Tanto fue su impacto que el prestigioso periódico estadounidense New York Times tituló el 22 de diciembre de 2021, con un toque de humor, “Hace 3 000 años, Gran Bretaña obtuvo la mitad de sus genes… de Francia”.
223 investigadores internacionales colaboraron
Publicado en la rigurosa revista Nature, el estudio fue liderado por el paleogenetista David Reich, profesor del Departamento de Biología Evolutiva Humana de la Harvard Medical School (EE. UU.). Reunió a 223 científicos de todo el mundo. Hasta ahora, en el Neolítico solo se habían destacado dos grandes oleadas migratorias: hace unos 6 000 años, los primeros agricultores europeos (EEF) provenientes de Anatolia (actual Turquía), que sustituyeron a gran parte de las poblaciones cazadoras‑recolectoras locales; y, hace 4 500 años, al inicio de la Edad del Bronce, los portadores de la Cultura del Caldero (Bell Beaker), que en pocos siglos reemplazaron casi el 90 % del acervo genético de la isla.
El nuevo hallazgo constituye una tercera ola migratoria, ocurrida hace unos 3 000 años –probablemente desde Francia–, basada en el análisis de ADN antiguo extraído de huesos y dientes de 793 restos humanos desenterrados en excavaciones arqueológicas. Según Reich y su equipo, estos recién llegados habrían mezclado con las poblaciones locales hasta aportar alrededor del 50 % de la ascendencia genética de los habitantes del sur de la isla durante la Edad del Bronce media y tardía (1400‑875 a.C.) y el comienzo de la Edad del Hierro.
Impulsa la comprensión de la difusión de las primeras lenguas celtas
“Los arqueólogos ya sabían de intercambios y cruces con el continente en esos periodos, pero la nueva evidencia genética muestra que se desplazó mucha más gente de lo que se pensaba”, comenta Ian Armit, arqueólogo de la Universidad de York (Inglaterra) que participó en el estudio. Estos datos también ofrecen nuevas pistas sobre otro enigma: la llegada y propagación de las primeras lenguas celtas en la isla. Respaldan una teoría reciente de David Reich, según la cual, en la Edad del Bronce media y tardía, las primeras lenguas celtas se introdujeron en Gran Bretaña desde Francia, antes de lo que se creía.

Enterramientos de cuatro individuos de la Edad del Bronce hallados en el yacimiento de Cliffs End Farm, Kent. © Wessex Archaeology
“Estos nuevos datos confirman los estrechos lazos e intensos intercambios ya identificados por la arqueología entre el sur de Gran Bretaña y Francia durante la Baja Edad del Bronce, sobre todo en la región de Kent”, afirmó Cyril Marcigny, del Instituto Nacional de Investigación Arqueológica Preventiva (Inrap). El estudio de los cuerpos hallados en Cliffs End Farm, donde se detectó violencia entre individuos, abre la posibilidad de hipótesis sobre enfrentamientos entre migrantes y nativos. Entre la Edad del Bronce media y el primer siglo de la Edad del Hierro, la costa del Canal, tanto en Francia como en Gran Bretaña, comparte un mismo patrimonio cultural conocido como “culturas Manche‑Mar‑del‑Norte (MMN)”, con cerámicas, construcciones, embarcaciones y usos agrícolas similares.
“Sin embargo, estos análisis genómicos deberían ampliarse. Existen muy pocas tumbas de hace 3 000 años a ambos lados del Canal, y los restos estudiados pertenecen mayormente a individuos de élite, por lo que no son plenamente representativos de la población total”, señaló el arqueólogo del Inrap a Sciences et Avenir. Por su parte, David Reich asegura: “Los avances en paleogenómica a gran escala, combinados con datos arqueológicos, abren nuevas perspectivas para conocer a las poblaciones antiguas”. Este rompecabezas migratorio sigue siendo el objetivo de los paleogenetistas que buscan llenar los vacíos del pasado.