Figuras Históricas

Isabel Godin des Odonais, la única superviviente de la expedición amazónica

Isabel Godin des Odonais (1728‑1792) es conocida por ser la única superviviente de una expedición de 42 personas que se dirigió a la cuenca del Amazonas para reunirse con su esposo.

Isabel y Jean Godin des Odonais

Hija de Don Pedro Gramesón y Bruno, administrador de Riobamba, Isabel nació en 1728 en el Virreinato del Perú (actual Ecuador) bajo dominio español. Recibió una buena educación, dominó el español, el quechua y el francés, y mostraba una profunda fascinación por Francia. Con apenas 12 años conoció a Jean Godin des Odonais, cartógrafo y naturalista francés que había llegado a la región de Quito en 1735 como parte de la primera expedición geodésica francesa.

Isabel y Jean se enamoraron y se casaron en diciembre de 1741; ella tenía solo catorce años y él veintiocho. Se establecieron en Riobamba, donde nacieron sus hijos. En 1749, tras enterarse de la muerte de su padre, Jean decidió regresar a Francia y, antes de hacerlo, planificó un viaje solitario a la Guayana Francesa para explorar la ruta amazónica y, posteriormente, volver y llevar a su familia.

Los años de separación

El plan de Jean fracasó. En Cayena, las autoridades coloniales portuguesas y españolas le prohibieron cruzar sus territorios para regresar a Riobamba. Sin poder regresar a Francia sin su familia, Jean quedó atrapado en la Guayana, donde se le impidió comunicarse con Isabel. Durante años envió cartas de súplica a Europa sin obtener respuesta. En 1765, el rey José I de Portugal ordenó el envío de un barco para reunificar a la pareja, pero el cartógrafo, enfermo, abandonó el viaje en el primer puerto, sospechando de la intención portuguesa.

En Riobamba, Isabel permaneció sin noticias de su marido; sus hijos crecieron sin padre y varios murieron de viruela, una epidemia que asoló la región. En 1767, llegó el rumor de que un barco la esperaría para llevarla a su esposo. Isabel envió a su sirvienta y a algunos indígenas a explorar la zona. Dos años después confirmaron la existencia de la embarcación.

En octubre de 1769 partió una expedición de 42 personas: Isabel, dos de sus hermanos, su sobrino, un médico, tres sirvientes, 31 indígenas y tres franceses. El objetivo era recorrer unos tres mil kilómetros en al menos seis meses para reunirse con Jean en la cuenca amazónica.

La travesía por la cuenca del Amazonas

El cruce de los Andes y la selva amazónica resultó extremadamente duro. Una epidemia de viruela había diezmado la población indígena y la expedición sólo contaba con una canoa de unos doce metros. Poco a poco, el grupo se fue reduciendo: un indígena se ahogó, otros huyeron al llegar a una aldea arrasada por la viruela, y la falta de guía y de una embarcación fiable complicó la marcha.

El médico y uno de los franceses se aventuraron a buscar medios de transporte mejores, pero tardaron en regresar. Después de dos semanas, los restantes intentaron construir una balsa que se hundió al instante, arrastrando sus provisiones. Decidieron continuar a pie, adentrándose en la selva.

Infecciones por picaduras de insectos, heridas y una dieta insuficiente fueron acabando con los hermanos de Isabel, su sobrino, dos sirvientes y dos franceses. La última sirvienta, Héloïse, desapareció una noche en la selva y nunca volvió. Uno a uno, los integrantes murieron y, al final, Isabel quedó sola entre los cadáveres de sus seres queridos. Pasó un día entero en el campamento, devastada y exhausta, antes de reunir fuerzas para seguir caminando.

Durante varios días vagó sola, hambrienta y al borde de la locura, alimentándose de frutas y huevos que encontraba. El trauma y el miedo le hicieron encanecer el cabello en pocos días. Tras nueve días de sufrimiento, encontró a indígenas que le brindaron alimento y la ayudaron a llegar a Cayena. Gracias a ellos, descendió el río hasta su desembocadura, donde encontró el barco que la llevaría a la ciudad.

El 22 de julio de 1770, Isabel y Jean se reencontraron en Saint‑Georges‑de‑l’Oyapock, después de más de veinte años de separación.

Vida posterior y legado

La pareja permaneció en Cayena unos años y, en 1773, partió a Francia acompañada del padre de Isabel. Se establecieron en Saint‑Amand‑Montrond, donde vivieron juntos durante aproximadamente veinte años. Isabel Godin des Odonais falleció el 27 de septiembre de 1792, seis meses después de la muerte de su esposo.