En el cementerio adosado a una capilla destruida a principios del siglo XIX se identificaron restos óseos de tupíes, mestizos y también de indígenas afrodescendientes.
En el siglo XVI surgió el pueblo de São Barnabé, fundado por los jesuitas para concentrar a las comunidades indígenas. Si aún existiera, ocuparía el territorio del actual municipio de Itaboraí (RJ), donde todavía se encuentran rastros de la presencia de los pueblos originarios. Así lo demuestra la tesis doctoral de la arqueóloga Nanci de Oliveira, recientemente defendida en la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp). La investigadora descubrió dos yacimientos arqueológicos donde convivieron jesuitas y tupíes de la zona, lo que plantea preguntas sobre la organización del espacio compartido entre el siglo XVI y el XVIII, así como sobre las relaciones de poder y resistencia.
Hallazgos arqueológicos
Tras cuatro años de estudio de documentos y mapas antiguos, Nanci localizó un sitio donde su equipo encontró cerámica, ollas, monedas y medallas religiosas que confirman la presencia jesuita, junto a un cementerio. En este último se desenterraron alrededor de cuatro mil huesos pertenecientes a 57 individuos: indígenas, mestizos y afrodescendientes. “También identificamos a un indígena con una herida de bala, lo que sugiere que la relación entre blancos e indígenas no siempre fue amistosa”, explica la investigadora.
Alianzas y resistencias
Sin embargo, no todos los pueblos indígenas se opusieron a los colonizadores. En documentos del siglo XVII Nanci encontró pruebas de una estrecha relación entre algunos tupíes y los portugueses. “Para proteger sus territorios de invasiones extranjeras, los indígenas se aliaron con los portugueses en la defensa de la costa”, señala. “Su lealtad a figuras como Salvador Correa de Sá y Benevides, de Río de Janeiro, trascendió la mera alianza política; aunque, claro, los gobernantes también actuaron por interés propio”.
El fin de la era jesuita y sus consecuencias
Con la expulsión de los jesuitas en el siglo XVIII, la red de poder en Río de Janeiro cambió. Los indígenas dejaron de ser estratégicos para la defensa y pasaron a ser mano de obra. “En ese momento el pueblo de São Barnabé pasó a una administración laica, tomada por los portugueses que habían arrendado sus tierras a los jesuitas”, indica Nanci. “Entonces las rebeliones se intensificaron”.
Olvido histórico y patrimonio
La investigadora también critica la política de olvido y prejuicio de los historiadores de la época, que consideraban a los indígenas como un obstáculo para el progreso de Brasil. “Para ellos, los indígenas eran una raza degenerada; su objetivo era demostrar la dominación portuguesa”, señala. Como reflejo de esa política, las autoridades de Itaboraí han negado la declaración del sitio de São Barnabé como patrimonio, argumentando que ya ha sido intervenido y carece de carácter distintivo.
Perspectivas futuras
Al recorrer la zona, Nanci observó senderos y hitos que demuestran la redefinición de los límites territoriales indígenas, aún visibles. Con un mapa elaborado a partir de documentos del siglo XVI y XVII, planea investigar nuevos yacimientos en Itaboraí y profundizar en las relaciones entre colonizados y colonizadores.