El “bautismo” nazi: una ceremonia fuera de la iglesia
Para el Reichsführer Heinrich Himmler no había necesidad de sacerdotes, agua bendita ni altar religioso. El nacimiento de un niño “ario” debía celebrarse dentro del marco ideológico de la Schutzstaffel (SS), con símbolos y rituales propios del régimen.
¿En qué consistía?
El bebé era envuelto en un pañuelo con las dos “rayo” de la SS, símbolo de victoria. Luego se colocaba sobre un altar cubierto con la bandera del Tercer Reich. Ante los padres y los oficiales presentes, se recitaba una fórmula que incluía una bendición y, al final, el superior tocaba al infante con la daga de la SS.
Al concluir la ceremonia, el niño recibía obsequios típicos: un cuenco de plata, una cuchara del mismo metal y un pañuelo de seda.
El juramento del “padrino” SS
El oficial que actuaba como padrino pronunciaba una breve declaración de fe que combinaba elementos paganos y el culto al Führer:
Creemos en el dios del universo
Y en la misión de nuestra sangre alemana,
Que germina en suelo germano.
Creemos en el portador de sangre
Y en el Führer, designado por Dios.
Condiciones de la ceremonia
Según los historiadores Jens‑Jürgen Ventzki y Karol Grünberg, el rito debía cumplir dos requisitos esenciales:
- Realizarse frente al retrato del Führer, símbolo de la “raza perfecta”.
- Contar con la presencia del libro‑biblia nazi “Mein Kampf”.
Testimonio de una vida marcada por el rito
Jens‑Jürgen Ventzki, autor de La sombra del padre, descubrió décadas después que él mismo había sido “bautizado” por la SS en 1944, sin ningún sacramento cristiano. Su madre le había mentido sobre el origen de la cuchara de plata que recibió como regalo.
En 1960, tras años de reflexión, Ventzki se convirtió al cristianismo en la Iglesia de la Santa Cruz de Berlín, pero nunca pudo olvidar que su nacimiento había sido decidido por la orden de fertilidad de Himmler y la ideología SS.
Conclusión
El “bautismo” nazi no era un acto religioso, sino una ceremonia de incorporación al proyecto racial del régimen. Su propósito era reforzar la lealtad al Führer y al concepto de la “raza superior”, sustituyendo por completo los símbolos y ritos tradicionales del cristianismo.