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Los peores padres del mundo: los revolucionarios cubanos

¿Tu padre va a volver? ¿Lo han detenido? ¿Se esconde de nuevo? Si te haces estas preguntas, lo único que puedes concluir es que tu papá es un revolucionario.

Las personas que dedican su vida a una idea suelen descuidar todo lo que no sirve a su misión. Su jerarquía de valores se compone de patria, honor, revolución y, a veces, del internacional comunista. La familia queda, por lo general, en el último plano.

Che Guevara: una revolución antes que la paternidad

Che tuvo una hija, Hildita, de su primer matrimonio, que ni siquiera había celebrado cuando ella nació. La niña creció bajo el cuidado de su madre y el padre apenas se interesó por ella, pues confiaba en que su educación socialista estaba asegurada.

Cuando se casó con Aleida March, la joven llegó a la casa de Che como "regalo de boda" según el propio testimonio de Aleida.

Con Aleida tuvo cuatro hijos: Aleida, Camilo, Celia y Ernesto, nacidos a intervalos casi regulares. En lugar de apoyar a su esposa en la crianza, Che prefería emprender nuevas misiones revolucionarias. Cuando partió a Bolivia, ni siquiera se despidió de sus hijos; se presentó ante ellos disfrazado de "amigo uruguayo", sin que los niños sospecharan quién era.

Además, Che mantuvo una relación extramarital con Lidia López, de la que nació un hijo, Omar Pérez, quien solo descubrió la identidad de su padre en la veintena.

Tras la muerte de Che, Fidel Castro tomó a la viuda y a los hijos bajo su protección, pero lejos de ser un modelo paternal, la ayuda estuvo motivada por la lealtad política.

Fidel Castro: la familia en segundo plano

Mirta Díaz-Balart, primera esposa de Fidel, quedó embarazada de su primer hijo, Fidelito, mientras él estaba inmerso en sus estudios y en la lucha contra Batista. Mirta describió cómo su marido la arrastraba a reuniones y discursos, sin ofrecerle apoyo práctico.

Cuando Fidel fue capturado tras el ataque al cuartel Moncada y enviado a prisión, la familia quedó desatendida. Sus cartas, destinadas a amantes, a veces llegaban por error a su esposa.

Tras el derrocamiento de Batista, Mirta se trasladó a Estados Unidos con su hijo y solicitó el divorcio. Fidel expresó su rechazo a que su hijo creciera bajo la influencia de sus "enemigos" políticos.

Los hijos posteriores de Fidel, entre ellos Alina Fernández, crecieron en un entorno de vigilancia y ausencia. Alina escapó a Miami, donde publicó "Mi padre Fidel", denunciando el descuido y el control al que estuvo sometida.

Conclusión

Tanto Che Guevara como Fidel Castro pusieron la revolución por encima de la familia, dejando a sus hijos en una posición de abandono y uso político. Sus historias revelan que el compromiso ideológico, cuando se lleva al extremo, puede convertirse en la peor forma de paternidad.

Fuentes

  1. Aleida March, My Che. Very intimate, SQN Publishing House, Cracovia 2014.
  2. Diane Ducret, Women Dictators 2, Znak, Cracovia 2013.
  3. Alina Fernández, My Father Fidel, Czytelnik, Varsovia 1999.