Introducción
En tiempos de guerra, el alimento sigue siendo una necesidad esencial. A continuación, descubrimos diez hechos impactantes sobre la comida durante la Segunda Guerra Mundial, desde cocineras valientes en el Levantamiento de Varsovia hasta ingeniosas formas de los soldados para calentar sus raciones.
10. Las cocineras fueron heroínas del Levantamiento de Varsovia (agosto de 1944)
A pesar del intenso bombardeo, las mujeres que dirigían los comedores para los combatientes mantuvieron sus puestos para alimentar a los insurgentes. Su labor fue crucial para la resistencia.
9. Los tripulantes del Sherman calentaban su comida en el desierto
En el norte de África, los soldados colocaban latas de comida junto al tubo de escape del tanque para calentarlas. Incluso criaron una gallina dentro del vehículo para obtener huevos frescos.
8. Preparativos anticipados para la campaña de septiembre
Muchos ciudadanos comenzaron a acaparar alimentos no perecibles, dinero y otros bienes esenciales antes de que la guerra se intensificara. Al principio fueron tachados de derrotistas, pero sus reservas resultaron vitales.
7. Hambre extrema en Varsovia durante el levantamiento
Al final del levantamiento, la escasez fue tal que se llegó a consumir perros y gatos. Incluso el general Bór‑Komorowski comió un gato, frito en aceite de girasol en lugar de mantequilla.
6. La ocupación nazi buscaba famélico al pueblo polaco
Tras la capitulación de 1939, surgió un mercado negro en el Vístula tan dinámico que se podían comprar desde alimentos básicos hasta sopa de tortuga. La intención alemana era debilitar a la población mediante la hambruna.
5. La vida del cocinero en un submarino alemán
El cocinero contaba con una pequeña cocina eléctrica de dos hornallas, un horno diminuto, una mini nevera y una despensa. Todo debía rendir para alimentar a casi 60 tripulantes bajo el mar.
4. Raciones repugnantes en los campos de trabajo
Los prisioneros recibían “scrapings”, subproductos de la curtición del cuero, y una gota de aceite con aspecto y olor similar a grasa de máquina. En la estepa, buscaban cadáveres para complementar su dieta.
3. Palomas, la carne de los pobres en las ciudades
Las palomas, consideradas “ratas aladas”, eran atrapadas mediante trampas y hervidas en sopas. Para muchas familias fueron la única fuente de proteína disponible.
2. La hambruna impuesta por la economía de saqueo alemana
Durante la ocupación, los racionamientos redujeron la ingesta diaria a 300 calorías, equivalente a un pequeño panecillo. Los alimentos disponibles eran pan rancio, margarina insípida y mermeladas de composición desconocida.
1. Los contrabandistas polacos: maestros del tráfico clandestino
Cuanto más intensificaban los alemanes la represión, más ingeniosas eran las técnicas de los contrabandistas. Llegaron a disfrazar un cerdo muerto como una anciana, transportarlo en tren y ocultar la carne dentro de un ataúd.