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Silenciosos, fáciles de usar y sin olores: ¿Por qué los coches eléctricos perdieron frente a los de combustión?

Orígenes del coche eléctrico

El coche eléctrico es hoy un símbolo de modernidad, pero su historia se remonta a los inicios de la automoción. En 1821, el físico inglés Michael Faraday demostró que un cable suelto podía girar alrededor de un imán al recibir corriente eléctrica, creando el primer modelo de motor eléctrico.

Ya en 1834, el estadounidense Thomas Davenport construyó una pequeña carroza impulsada por una batería. En Gran Bretaña, Robert Davidson y George Little realizaron experimentos similares.

El gran obstáculo era la falta de una fuente de energía adecuada: las baterías de la época no eran recargables ni suficientemente potentes. Ese panorama cambió en 1859 con la invención de la batería de plomo‑ácido por el físico francés Gaston Planté.

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Michael Faraday en su laboratorio. Imagen de Harriet Moore.

Crank, vapor y electricidad

En 1881, el francés G. Trouve fabricó un vehículo eléctrico de tres ruedas con un motor Siemens, que pesaba 160 kg y alcanzaba 12 km/h. Un año después, los británicos William Ayrton y John Perry presentaron una versión capaz de recorrer 40 km a 14 km/h.

A finales del siglo XIX surgieron empresas que producían automóviles eléctricos con forma de carruajes ligeros.

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La Jamais Contente, el primer coche en superar los 100 km/h, estaba impulsado por un motor eléctrico.

En 1898, Charles Jeantaud alcanzó 63 km/h y, al año siguiente, Camille Jenatzy con la Jamais Contente rompió la barrera de los 100 km/h.

Una invención maravillosa

Los motores eléctricos eran silenciosos, no emitían gases y, a diferencia de los motores de combustión, no consumían energía mientras el vehículo estaba detenido. Su construcción era más simple, ligera y requería menos mantenimiento.

Al poder actuar también como generador, se empezaron a desarrollar sistemas de frenado regenerativo que recargaban la batería al frenar o descender una pendiente.

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Detroit Electric, coche eléctrico de 1916. Foto: Asterion, CC BY‑SA 3.0.

La facilidad de uso era tal que algunos fabricantes promocionaban sus modelos como “pensados para las mujeres”, pues bastaba cargar la batería y arrancar el vehículo sin necesidad de una caja de cambios.

El comienzo del fin

Aunque sus ventajas eran claras, los coches eléctricos estaban limitados por las baterías: eran pesadas (hasta el 25 % del peso total del vehículo) y almacenaban mucho menos energía que un tanque de combustible del mismo peso, reduciendo considerablemente su autonomía.

Además, la infraestructura eléctrica estaba concentrada en las grandes ciudades, lo que dificultaba su uso en áreas rurales.

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Cadillac Model Thirty de 1912, el primer coche de combustión con arranque eléctrico. Foto: Iwao, CC BY 2.0.

En 1911 Charles Kettering inventó el arrancador eléctrico, que se introdujo en serie en los Cadillac de 1912. Con ello desaparecieron los peligrosos y cansados arranques manuales, y el ruido y el olor del motor de combustión se normalizaron en la vida cotidiana.

Durante la década de 1920 los automóviles eléctricos fueron superados definitivamente por los de combustión interna, aunque la tracción eléctrica siguió prosperando en ferrocarriles, tranvías y trolebuses.

Renacimiento en los años 90

El concepto volvió a resurgir en los años 70 y 80 durante las crisis del petróleo, pero sin lograr una adopción masiva. Fue en la década de 1990, impulsado por la creciente conciencia ambiental, cuando el coche eléctrico ganó un nuevo impulso.

En 1996 General Motors lanzó el EV1, un vehículo totalmente eléctrico que llegó a más de mil unidades en EE. UU. El modelo solo se ofrecía en leasing y, en 1999, GM retiró todos los EV1, destruyéndolos o donándolos a museos, lo que alimentó teorías conspirativas sobre la presión de la industria petrolera.

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Los EV1 demostraron que los coches eléctricos podían funcionar incluso en condiciones extremas. Foto: Dave Scott, NASA, dominio público.

El documental Who Killed the Electric Car? (2006) reforzó la idea de que existía un interés público suficiente para que el modelo triunfara, pero la industria no lo permitió.

Como un fénix de las cenizas

El verdadero renacer llegó con empresas como Tesla Motors, fundada por Elon Musk. La sustitución de las pesadas baterías de plomo‑ácido por baterías de iones de litio, ligeras y de alta capacidad, ha permitido que los vehículos eléctricos actuales ofrezcan autonomías competitivas y tiempos de carga razonables.

Estas baterías son las mismas que alimentan smartphones, tablets y drones, lo que garantiza una cadena de suministro robusta y en constante mejora.

Solo el tiempo dirá si los coches eléctricos recuperarán el protagonismo que perdieron hace casi un siglo.

Inspiración

Este artículo se inspiró en el libro de Ashlee Vance Elon Musk: La biografía del creador de PayPal, Tesla y SpaceX (Horizon, 2016).

Bibliografía

  1. Andrzej Kajetan Wróblewski, Historia de la Física. Desde los orígenes hasta la actualidad, PWN, Varsovia 2009.
  2. Maja Duda, Andrzej Krawczyk, Grandes investigadores del electromagnetismo, Instituto de Ciencia y Investigación ZTUREK, Varsovia 2003.
  3. Andrzej Zieliński, Automóviles de pasajeros. Historia del desarrollo, Wydawnictwa Komunikacji i Łączności, Varsovia 2009.
  4. Michael H. Westbrook, The Electric Car. Development and Future of Battery, Hybrid and Fuel‑Cell Cars, Institution of Electrical Engineers, Londres 2005.
  5. Stanisław Żmigrodzki, Sobre los coches eléctricos, "Technical Journal", Lviv, 25 julio 1901.