Muchas prácticas médicas de la antigüedad dejaron huella en la medicina occidental. Entre las más terribles estaba la extracción del recién nacido con un gancho, una medida de último recurso que, afortunadamente, no se generalizó.
Partos extraordinarios y leyendas
Los autores antiguos relatan nacimientos asombrosos, como el de quintillizos en Egipto o la famosa Cleopatra VII, que sólo dio a luz a gemelos.
Resulta difícil imaginar cómo las mujeres de entonces soportaban embarazos múltiples sin la ayuda de médicos modernos. El contacto con médicos varóicos era escaso; desde Hipócrates se juraba no abusar sexualmente de los pacientes, una medida no sin razón.
Agnodice, la primera médica ateniense
Según la tradición, Agnodice, del siglo IV a.C., fue la primera mujer doctora de Atenas. Sus rivales la acusaron de seducir a sus pacientes y casi la exilian o ejecutan. Gracias al apoyo de los atenienses, se evitó su castigo y se abrió camino para que las mujeres estudiaran la anatomía reproductiva.
Aunque algunos historiadores consideran a Agnodice una figura legendaria, su historia, narrada por Gayo Julio Hyginus, fue utilizada como argumento por las obstetras de la época.
El doctor con gancho
El parto en la Antigüedad era, desde nuestra perspectiva moderna, una experiencia extrema: sin anestesia, sin instrumentos adecuados y con una silla de parto primitiva. En caso de complicaciones, se recurría a métodos drásticos, como la extracción del feto con un gancho o, en casos extremos, la introducción de un cuchillo para desmembrar al bebé dentro del útero.
También existía la cesárea de urgencia, practicada por los romanos sobre mujeres que no sobrevivían al parto. En ocasiones, el bebé lograba vivir. Contrario a la creencia popular, Julio César no nació así; sin embargo, el general Publio Cornelio Escipión, vencedor de Aníbal, sí fue sacado de una madre fallecida.
Cuando el parto no salía como se esperaba, los médicos romanos recomendaban, según la historiadora Mary Beard, insertar un cuchillo en el cuerpo de la madre y desmembrar al feto, una práctica que sólo unas pocas mujeres podían soportar sin daño permanente.
Descarte de los niños imperfectos
Los bebés nacidos en estas condiciones estaban en grave peligro. Una partera romana, al detectar una anomalía congénita, podía cortar o atar el cordón umbilical demasiado cerca, provocando la muerte del recién nacido. Los niños que sobrevivían rara vez recibían cuidados y, a menudo, eran abandonados.
Muchos infantes eran dejados en la basura, en caminos o en pozos, considerados objetos innecesarios. En Atenas, Corinto y Roma no había la práctica espartana de abandonar a los “imperfectos” en montañas; simplemente se los dejaba a merced del destino. Algunos eran rescatados y criados como hijos, pero muchos terminaban en manos de esclavistas que los convertían en esclavas de bajo costo destinadas a la prostitución.
Estos niños abandonados aparecían en mitos (como Edipo), dramas y comedias, tal vez como una forma de aliviar la culpa de los padres. Sin embargo, la solución definitiva habría sido evitar su nacimiento, algo que la anticoncepción moderna también intenta.
Bibliografía
- Mary Beard, SPQR. Historia de la antigua Roma, Norbert Radomski, Rebis, 2016.
- Peter Connolly, Hazel Dodge, Ciudades antiguas: maravillas arquitectónicas, vida social, cultural y religiosa, Barbara Tkaczow, RTW, 1998.
- Diane Ducret, El cuerpo prohibido, Anna Maria Nowak, Znak, 2016.
- Conociendo a los romanos con Mary Beard, episodio 3: “Detrás de puertas cerradas”, BBC, 2012.
- Joyce E. Salisbury, Enciclopedia de la mujer en el mundo antiguo, ABC‑CLIO, 2001.
- Lidia Winniczuk, Gente, costumbres y tradiciones de la antigua Grecia y Roma, Editorial Científica Estatal, 1983.