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Beber orina, vivir en una alcantarilla y otros métodos sorprendentes para prevenir una epidemia

En el siglo XIV, cuando la peste arrasaba Europa, el 90 % de la población vivía del campo como campesinos. La ciencia era casi inexistente y el miedo se alimentaba de charlatanes que ofrecían remedios absurdos. Si a un campesino del siglo XIV le hubieran dicho "Vive en la alcantarilla y la peste no te matará", no habría preguntado por la base científica, sino que habría aceptado la propuesta sin dudar.

El horror de una enfermedad mortal, la falta de conocimientos y la tendencia de algunos a lucrarse con el miedo dieron lugar a medidas que hoy nos parecen ridículas.

Beber orina, vivir en una alcantarilla y otros métodos sorprendentes para prevenir una epidemia

Los intentos de evitar la epidemia fueron… ¡sorprendentes!

A continuación, sin orden particular, se enumeran algunos de los remedios del siglo XIV que se consideraban eficaces contra la peste.

Beber vino de calidad con moderación

El cronista gilles Li Muisis afirmaba que todos los que bebían vino en Tournai sobrevivían. ¿Milagro? Probablemente el vino ayudaba a mantener el ánimo y a hidratar, pero no era una cura universal. Sin embargo, la recomendación de “beber vino” resultaba más atractiva que cualquier otro remedio.

Vivir en la alcantarilla

Se creía que el cuerpo se acostumbraría a la suciedad y a los olores insoportables, volviéndose inmune a la peste. En realidad, la enfermedad se transmitía principalmente por pulgas que habitaban ratas en las alcantarillas, por lo que esta práctica aumentaba el riesgo de contagio y, además, resultaba extremadamente desagradable.

Consumir esmeraldas trituradas

Algunos pensaban que tragar piedras preciosas curaría la enfermedad. Las esmeraldas no poseen propiedades medicinales; son simplemente rocas. Ingerir fragmentos afilados podía causar perforaciones en el tracto digestivo y hemorragias internas, a menos que estuvieran pulverizadas hasta quedar como polvo, lo cual no tenía efecto terapéutico.

Beber orina, vivir en una alcantarilla y otros métodos sorprendentes para prevenir una epidemia

Personas llegaban a tragarse puñados de cristales afilados, arriesgándose a una muerte violenta. Curiosamente, el vidrio roto en los alimentos no mata: o se percibe al instante o está tan pulverizado que no hiere.

Comer huevos, frutas y verduras

Este consejo parece moderno, pero la razón detrás de él era evitar alimentos como leche, queso o carne, que al exponerse al sol producían olores que, según la teoría miasmática, provocaban la peste. Así, sin saberlo, quienes seguían esta recomendación adoptaban una dieta más saludable.

La teoría del miasma, que atribuía la enfermedad a los malos olores, prevaleció hasta el siglo XIX.

No mirar a los enfermos

Un médico sostenía que el "espíritu del aire" podía trasladarse de los ojos del enfermo a quien lo mirara, contagiándolo. Evidentemente no hay fundamento, pero la recomendación llevó a que la gente evitara el contacto visual con los enfermos, una medida de precaución, aunque exagerada.

Picar cebolla cruda y esparcirla por la casa

Se creía que el fuerte olor de la cebolla purificaba el aire contaminado. Hoy sabemos que no es así, aunque el mito persiste. Incluso la National Onion Association tiene que aclarar que colocar cebolla picada en el hogar no previene enfermedades.

En la época, a los pacientes se les ofrecía a veces una decocción de cebolla para beber, no por sus supuestas propiedades curativas, sino porque el sabor “multicapa” resultaba agradable.

Beber orina o pus de úlceras bubónicas

Algunos intentaban “endurecer” el cuerpo exponiéndolo a la enfermedad: bebían su propia orina dos veces al día o el pus de úlceras rotas. Naturalmente, estos métodos no funcionaron. Comparados con beber vino o caldo de cebolla, resultan poco atractivos.

Fuente

Este artículo es un extracto del libro de Jennifer Wright What Will (Not) Kill Us: The Greatest Plagues in Human History, traducido al español por Maciej Miłkowski, Wydawnictwo Poznańskie, 2020.


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