Introducción
Romper la rueda permitía determinar con precisión la duración del castigo. Además, era extremadamente dolorosa y se convertía en un espectáculo macabro. Los condenados podían sufrir varios días antes de morir.
Esta tortura, de gran sofisticación y crueldad, era típica de los estados germánicos del Sacro Imperio Romano, aunque también se aplicó en otras partes de Europa.
¿En qué consistía?
Primero, el verdugo ataba al condenado a la gran rueda de carro, alineando sus extremidades con los huecos entre los radios. Con una pesada barra de metal preparada especialmente, empezaba a romper cada hueso, uno a uno.
El objetivo del verdugo era prolongar la vida del reo según la sentencia, evitando dañar órganos vitales y minimizando la pérdida de sangre.
En la práctica, el verdugo golpeaba primero los fémures y los huesos del hombro, luego las tibias y muñecas (donde el riesgo de sangrado era mayor), y continuaba con rodillas, codos y manos. El sufrimiento era inimaginable.
Dos modalidades: de arriba o de abajo
Existían dos formas de aplicar la tortura, ambas brutales, pero una ligeramente más “humana”.
- De arriba: el condenado recibía un golpe en la cabeza al inicio, muriendo o quedando inconsciente antes de que se le rompieran los huesos.
- De abajo: se empezaba rompiendo pies, piernas, manos y brazos, dejando al reo vivo el mayor tiempo posible; al final se le daba un golpe mortal en la cabeza o el cuello.
La elección dependía de la sentencia y, curiosamente, del coste para el municipio: el servicio “rápido” era más barato que el “lento”.
El espectáculo de la muerte
Más allá de su crueldad, la rueda permitía fijar la duración exacta del tormento y convertirlo en un espectáculo público. Un caso famoso es el del comerciante francés Jean Calas, condenado en 1762 a dos horas de tortura culminando con un “coup de grâce”. Sin embargo, un verdugo experimentado retrasó la ejecución varios días.
Al finalizar la tortura, el cuerpo podía ser golpeado en el pecho, decapitado con una hoja semicircular o incluso desmembrado y exhibido sobre la rueda para que la multitud lo contemplara.
Variantes regionales
En Francia, a veces se añadía una cláusula de retentum para estrangular al condenado tras uno o dos golpes. En Turquía, Rusia y otras naciones del Este, la tortura se hacía aún más elaborada: tras romper los huesos con un martillo de madera, se torcían las extremidades 180° y se ataban a los radios, dejando al reo morir horas bajo el peso de la rueda, mientras las aves picoteaban sus ojos.
Hallazgos arqueológicos
En 2019, arqueólogos de la Universidad de Milán identificaron el esqueleto de un joven (17‑20 años) del siglo XIII que mostró fracturas simétricas en brazos y piernas, típicas de la ruptura de la rueda. El hallazgo es el primer caso documentado arqueológicamente de esta ejecución; la causa inmediata de muerte fue una decapitación incompleta.
En el norte de Italia, la rueda también se empleó contra sospechosos de propagar la peste, reflejando la facilidad con que la sociedad medieval justificaba muertes lentas y dolorosas.
Bibliografía
- B. Innes, History of Torture, Bellona, 2000.
- D. Mazzarelli, D. Gibelli et al., “First signs of torture in Italy: A probable case of execution by the wheel on a 13th‑century Milan skeleton”, Journal of Archaeological Science, vol. 109, 2019.
- J. J. Moore, Hang, Gut and Dismember, Horizon, 2019.
- S. Wrzesiński, Bloody Profession. About the executioners and their victims, Libron, 2006.