Los primeros entierros de animales
Hace miles de años los humanos domesticaron y se encariñaron con animales salvajes, tanto que comenzaron a enterrarlos. El hallazgo más antiguo data de unos catorce mil años, cuando se descubrió una fosa que presenta rasgos claros de enterramiento. Aunque enterrar lobos domesticados no era una práctica común en el Neolítico, sí ocurrió en ocasiones. Como señala el arqueólogo Robert Losey, se trata de una costumbre extremadamente antigua. Cementerios de animales se han encontrado en casi todo el mundo.
¿Cómo sabemos que se trató de entierros intencionales y no de cuerpos caídos accidentalmente? Los esqueletos hallados están completos, bien alineados y sin lesiones graves. Además, el suelo circundante está menos compacto, señal de que se cavó un hoyo profundo que luego fue rellenado. En contraste, los restos de animales muertos en condiciones “normales” aparecen fragmentados, roídos y con el suelo uniformemente compacto.
¿Por qué enterraban a los animales?
Determinar las motivaciones de personas que vivieron hace milenios es complejo, pero se plantean tres posibles razones:
- Rituales y ceremonias: los cuerpos podrían haber sido ofrendas o parte de prácticas simbólicas.
- Motivos prácticos: evitar el olor de la descomposición y alejar a los carroñeros.
- Apego emocional: algunos grupos prehistóricos podrían haber querido honrar a sus animales domésticos.
Esta práctica no es una moda contemporánea; los registros arqueológicos lo demuestran.
Un caso emblemático es el hallazgo en Bonn‑Oberkassel (Alemania), donde un cachorro de aproximadamente seis meses fue enterrado junto a un hombre y una mujer de entre 20 y 30 años. Junto a ellos se hallaron una horquilla, una figurilla de ciervo y un fémur de oso, objetos con significado ritual en muchas culturas primitivas.
En la región del lago Baikal (Rusia) se descubrieron cementerios neolíticos donde los humanos fueron sepultados junto a sus compañeros de cuatro patas, que aparentemente murieron de forma natural. En algunos casos, se abrió una tumba humana para colocar allí el cuerpo de un animal.
Los gatos momificados del Antiguo Egipto
En el Antiguo Egipto los felinos estaban estrechamente vinculados a la vida después de la muerte. Aunque a menudo se los asocia con sacrificios y momificaciones, no todos los gatos enterrados fueron ofrendas. Un estudio de 2016 en Berenice reveló que, entre los años 75 y 150 d.C., existía un cementerio exclusivo para mascotas, con cerca de 100 animales domésticos, mayormente gatos. Ningún esqueleto mostraba señales de sacrificio ni de momificación; algunos llevaban collares de metal.
Este hallazgo indica que los egipcios ofrecían a sus gatos una sepultura digna, distinta de los ritos religiosos oficiales.
Época victoriana y el auge de los cementerios de mascotas
En el siglo XIX, Inglaterra empezó a institucionalizar el entierro de animales. El primer caso registrado es el de Cherry, una cachorra maltés que falleció el 28 de abril de 1881 y fue sepultada en Hyde Park, convirtiéndose en la primera “residente” del cementerio de mascotas de Londres. Con el tiempo, aparecieron más lápidas y ataúdes ornamentados.
Los periódicos de la época también reportaron casos como el de una dama de Kensington que, tras 17 años de compañía, enterró a su gato Paul en un ataúd de roble con corona floral. Estas ceremonias, aunque a veces vistas como extravagancias de la alta sociedad, provocaron polémica: algunos sectores religiosos y ciudadanos consideraban ofensivo equiparar a los animales con los humanos, llegando incluso a profanar tumbas.
¿Qué decía la Iglesia?
El periodo victoriano se caracterizó por un luto público regulado por normas morales. Aunque la Iglesia británica no aprobaba estos rituales, algunos clérigos los practicaban. En 1897, un sacerdote anónimo viajó en tren con el ataúd de roble y latón de su gato, y se realizó una ceremonia fúnebre solemne en el destino.
Las lápidas solían llevar epitafios sencillos, aunque algunas incluían grabados y elegías. Para los dueños, no había límites cuando se trataba de honrar a un animal querido.