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La historia de la primera vacuna: la lucha contra la viruela

Un descubrimiento inesperado

Una vaca, un doctor brillante y un poco de suerte fueron suficientes para lograr un avance histórico en la medicina. La primera vacuna se desarrolló en Inglaterra a finales del siglo XVIII.

Una cura antigua para problemas modernos

Mientras el mundo aún se recupera de la pandemia de Covid‑19, los medios informan sobre una nueva amenaza biológica: la llamada viruela del mono. Aunque su peligrosidad sigue bajo estudio, los científicos recuerdan que la vacuna contra la viruela, disponible desde hace décadas, podría ofrecer protección eficaz contra esta enfermedad emergente.

La historia de la primera vacuna: la lucha contra la viruela

El origen de la viruela

La viruela ha asolado a la humanidad durante aproximadamente tres mil años, acompañando el surgimiento de grandes civilizaciones del Próximo y Lejano Oriente. Los primeros testimonios escritos datan del siglo V a.C., cuando cronistas chinos describieron una plaga similar. Más tarde, griegos, romanos y persas también la documentaron.

Con la aparición de grandes ciudades y rutas comerciales intercontinentales, la enfermedad se propagó con rapidez. Estudios modernos estiman que, en la Edad Media, apenas un 5 % de la población mostraba inmunidad. Hasta el siglo XIX se desconocían los mecanismos de transmisión y, durante mucho tiempo, se creyó que la viruela era una enfermedad congénita.

La historia de la primera vacuna: la lucha contra la viruela

Variolización: el primer intento de inmunización

Mary Wortley Montagu, aristócrata inglesa del siglo XVIII, observó en el Imperio Otomano una práctica que consistía en inocular a niños sanos con material tomado de los úlceras de pacientes infectados. Este método, llamado variolización, buscaba provocar una forma leve de la enfermedad para generar inmunidad.

En Europa, la variolización se popularizó a mediados del siglo XVIII, pero presentaba riesgos: algunas personas desarrollaban una forma grave y morían. La necesidad de un método más seguro impulsó a un médico inglés a buscar una alternativa.

Edward Jenner y la vacuna de la vaca

La cowpox (viruela bovina) es una enfermedad viral que afecta principalmente al ganado y, en raras ocasiones, a los humanos. Sus síntomas son leves (erupción, fiebre ligera y ganglios inflamados), lo que la hacía aparentemente inofensiva.

El joven médico Edward Jenner, nacido en 1749, notó que los ganaderos que habían contraído cowpox rara vez contraían la viruela humana (variola vera). Intrigado, comenzó a investigar la relación entre ambas enfermedades.

El experimento histórico

En 1796, Jenner encontró a Sarah Nelmes, una lechera que padecía cowpox, y a su vaca “Blossom”. Decidió probar su teoría en James Phipps, el hijo de ocho años del jardinero de Jenner. Tras incidir la piel del niño e introducirle material purulento de las lesiones de Nelmes, James presentó solo una fiebre leve y dolor de cabeza.

Aunque Jenner temía que la reacción mínima no fuera suficiente para conferir protección, unas semanas después James se mostró completamente inmune a la viruela cuando fue expuesto al virus. El experimento confirmó la eficacia de la vacunación.

La historia de la primera vacuna: la lucha contra la viruela

Difusión y aceptación mundial

Jenner envió su informe a la Royal Society, que lo rechazó por considerarlo demasiado revolucionario. No obstante, él publicó por cuenta propia el folleto Research into the Causes and Effects of Cowpox en 1798. La comunidad médica aceptó pronto la técnica, y en tres años más de 100 000 personas en Inglaterra habían sido vacunadas.

El impulso internacional llegó de figuras como Napoleón Bonaparte, Thomas Jefferson y el zar Alejandro I. En 1803, la llamada expedición Balmis transportó la vacuna a América, mientras que la Iglesia Católica la apoyó; el Papa Pío VII la calificó de "descubrimiento precioso".

Controversias y legado

Al principio, la vacuna enfrentó críticas por considerarse una intervención antinatural: se alegaba que introducía una sustancia extraña al cuerpo y se difundieron rumores de que provocaba deformidades. Sin embargo, la evidencia de su protección superó los temores.

El concepto de vacuna se consolidó gracias a Louis Pasteur, quien, en honor a Jenner, propuso que cualquier sustancia que genere inmunidad se llamara vacuna (del latín variolae vaccinae, “viruela de la vaca”).


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