Contexto del otoño polaco
El deshielo que se inició en Polonia en 1955 desencadenó una gran agitación tanto en la sociedad como dentro del Partido Obrero Unificado Polaco (PZPR). Los diferentes grupos luchaban por el poder y, rápidamente, la facción liderada por Władysław Gomułka se dio cuenta de que podía reforzar su posición aliándose con los comunistas que habían sido reprimidos.
Gomułka, que había sido encarcelado bajo la acusación de desviación nacionalista, volvió al juego político con una ventaja: todos buscaban su apoyo. Incluso los duros defensores del statu quo comenzaron a pedir su rehabilitación. Esa coyuntura permitió planear su regreso al liderazgo del partido.
La llegada de la delegación soviética
El 19 de octubre de 1956 se programó una reunión crucial en Varsovia. Cuando todo parecía listo, intervino un factor externo: la Unión Soviética. El Kremlin no aceptó que los comunistas polacos cambiaran de secretario sin su consentimiento, y bajo órdenes del mariscal Konstantin Rokossovsky, tropas soviéticas estacionadas en Pomerania y Baja Silesia se desplazaron hacia la capital.
Edward Ochab, entonces primer secretario del PZPR, se vio obligado a ceder su puesto a Gomułka.
Ese mismo día arribó a Varsovia una alta delegación soviética encabezada por Nikita Jruschov, acompañada por los más altos dirigentes del Partido y comandantes militares. La presencia tan poderosa del Kremlin subrayó la gravedad de la situación.
Primeras tensiones en el aeropuerto
Al desembarcar, Jruschov levantó el puño en señal de desafío ante la multitud. La delegación polaca, liderada por Gomułka, protestó contra la interferencia soviética. Gomułka advirtió que la llegada de los rusos era una intromisión directa, mientras Jruschov amenazó con una intervención “brutal” si las cosas tomaban un rumbo desfavorable.
Ochab replicó que los comunistas polacos ya habían pasado tiempo en prisiones soviéticas y que, de no cambiar la actitud, podrían volver a ser encarcelados.
Nikita Jruschov
Gomułka, sin perder la compostura, exigió que si la Unión Soviética no había intervenido antes, debía abstenerse de hacerlo ahora. La discusión se centró en la composición del Comité Central, dominado por aparatosos sin representación obrera, y en la presencia de oficiales soviéticos en el ejército polaco.
El escándalo con Jruschov
Gomułka acusó al delegado soviético de que, en el discurso del Congreso de 1956, Jruschov había omitido mencionar el culto a la personalidad. La discusión se volvió cada vez más acalorada: se recordó la liquidación del Partido Comunista Polaco bajo Stalin y se criticó la intromisión en los asuntos internos de Polonia.
Jruschov admitió que la delegación había llegado contra la voluntad de los polacos, pero sostuvo que no podían observar con calma el desarrollo de la situación. La conversación pasó luego a la figura de Bolesław Bierut, a quien Jruschov consideraba un gran comunista, pero Gomułka lo rechazó rotundamente.
Molotov, por su parte, acusó a Gomułka de querer ser un “dictador‑salvador”. Gomułka contraatacó recordando que la propia Unión Soviética había intentado “salvar” a Yugoslavia bajo el estalinismo.
«Siberia, a lo sumo»
Cuando la discusión llegó al tema de los tropas soviéticas en Polonia, Gomułka exigió que cesaran los ejercicios militares que coincidían con la llegada de la delegación. Jruschov respondió que se trataba de una rutina, pero el polaco señaló que un tanque había atropellado a un hombre al impactar un tren, lo que consideró una coincidencia demasiado sospechosa.
En medio del intercambio, el secretario joven Roman Zambrowski, al despedirse, comentó que los polacos podrían terminar en “Siberia, a lo sumo”. La amenaza no era vana: Jruschov dejó claro que, si Polonia no aceptaba la influencia soviética, podría haber una intervención militar.
Konstantin Rokossovsky en uniforme polaco
El Kremlin insistió en que la composición del Politburó debía incluir a sus aliados (Rokossovsky, Jóźwiak, Nowak y Gierek). Gomułka respondió que la decisión era exclusivamente polaca. Jruschov, enfadado, declaró que la Unión Soviética era responsable no solo de sus propias fronteras, sino de todo el bloque socialista.
Conclusiones de la reunión
Tras horas de discusiones sin avances, la delegación soviética se retiró alrededor de la 1 a.m. del 20 de octubre. No se redactó ningún comunicado conjunto y, según la mayoría de los historiadores, la ausencia de una intervención militar soviética se debió en gran parte a la señal clara de que China no apoyaría una invasión.
El episodio muestra cuán delicado era el equilibrio entre la soberanía polaca y la hegemonía soviética en la década de los sesenta. Gomułka, aunque después apoyaría la intervención en Checoslovaquia, demostró en esa ocasión un fuerte sentido patriótico al defender la autonomía interna de Polonia.
Budapest 1956
El mismo año, la Revolución húngara fue sofocada por el Ejército soviético, una decisión que inicialmente Gomułka también respaldó. Sin embargo, la experiencia de octubre de 1956 quedó como testimonio de que, al menos una vez, la Polonia comunista pudo frenar la presión directa del Kremlin.