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La fascinante historia del cuadro polaco más misterioso que debes conocer

Se creó en circunstancias misteriosas, desapareció dos veces y se pensó que se había perdido para siempre. Incluso se rumoró que se quemó en la villa de un criminal nazi. Sin embargo, el cuadro reapareció en el lugar más inesperado.

El cambio de siglo entre los años 1870 y 1880 fue una época especialmente fértil para Jan Matejko. En su estudio de la calle Floriańska, el artista realizó numerosas obras que celebraban la grandeza de la Polonia Jagellónica.

Entre ellas destacan "El Congreso de los reyes Jagellónicos con el emperador Maximiliano I en Viena (1515)", "Zofia Szczecińska en el campamento de Kazimierz Jagiellończyk" y "El Homenaje a Prusia". Para conmemorar el 350.º aniversario de este último acontecimiento, Matejko pintó también "El Bautismo de Władysław Warneńczyk", que tuvo lugar 450 años antes en la Catedral de Wawel.

Un cuadro que nadie menciona

¿Qué diferencia a "El Bautismo de Władysław Warneńczyk" de otras obras del maestro de Cracovia? Principalmente, el silencio que la rodea. No existe ni una sola referencia a ella en las monografías sobre Matejko ni en su correspondencia privada.

El libro de Stanisław Tarnowski, publicado cuatro años después de la muerte de Matejko, es una de las obras más completas sobre el pintor, pero no menciona este cuadro. Mieczysław Treter, en su estudio "Matejko. Personalidad, creatividad, forma y estilo", incluye una reproducción pero tampoco lo menciona en el texto. La primera referencia escrita apareció recién en 1958, en los recuerdos de la sobrina de la esposa del artista. Recientemente, Maciej Siembieda retomó el tema en su novela "444".

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"El Bautismo de Władysław Warneńczyk, 18 II 1425". Una obra maestra olvidada.

Aún hoy no se sabe por qué los escritos sobre Matejko omiten esta pintura, aunque parece merecer mucha más atención. Pero el misterio no termina allí; al explorar el proceso creativo del artista y el contenido del cuadro, aparecen aún más enigmas.

El origen del encargo

Se sabe que Matejko era un artista orgulloso que evitaba retratar modelos caprichosos, prefiriendo conservar la esencia de los personajes. La única excepción era su esposa, quien modeló para él con frecuencia. Normalmente, el maestro rechazaba encargos, pero el "Bautismo" fue una excepción.

Todo comenzó cuando Jan Głębocki, descendiente de una familia ilustre de cancilleres, arzobispos y estadistas, se enteró por casualidad de los planes de Matejko. Le interesó especialmente la intención del pintor de inmortalizar al obispo Mikołaj Głębocki, ancestro de Jan que había servido al príncipe Władysław.

Tras reunirse, Matejko aceptó no solo retratar a la familia Głębocki, sino también donar la obra terminada a su colección. Este episodio muestra claramente que, en este caso, el encargo fue posible gracias al patrocinio.

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La pintura, realizada en esas circunstancias especiales, conserva el estilo típico de Matejko: figuras abarrotadas, escasa profundidad y ausencia de paisaje. En el centro, el obispo Nicolás lleva al príncipe al bautismo, una figura proporcionada por Jan Głębocki. Detrás de él, un paje de la corte parece ser uno de los hijos de la familia Głębocki. Natalia Głębocka, esposa de Jan, aparece como Zofia, cuarta esposa de Jagiełło y madre de Warneńczyk, rodeada de otras damas cuya apariencia corresponde a los otros cuatro hijos de la pareja.

¿Por qué Matejko rompió sus propias reglas en esta única ocasión? No hay indicios claros; quizá la falta de privilegios para su esposa, Matejkowa (de soltera Giebułtowska), influyó en su decisión.

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Teodora Matejko, la única modelo habitual de su esposo, no participó en este cuadro. ¿Por qué?

Primera desaparición

El misterio no termina con la creación. Sabemos que la obra se envió del estudio de Cracovia a la residencia familiar de los Głębocki en Łaszek, región de Volinia. Allí, la pintura decoraba el "salón coral" junto a obras de Malczewski y Wyczółkowski, hasta 1916.

Durante la Primera Guerra Mundial, la familia ocultó su colección en el palacio episcopal de Żytomierz bajo la custodia del padre Ignacy Dubowski. Tras la guerra, el palacio se convirtió en museo por decisión soviética, pero los registros del museo no mencionan el "Bautismo". ¿Se perdió durante la transformación?

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El padre Ignacy Dubowski, ¿fue él quien cuidó el cuadro durante la Gran Guerra?

Lo que está claro es que al finalizar la Primera Guerra Mundial la obra desapareció.

El hallazgo accidental

Veinte años después, en 1937, Andrzej Głębocki asistió a la exposición de Matejko en la Galería Zachęta de Varsovia y quedó sorprendido al ver el "Bautismo" en un lugar destacado.

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¿Cómo llegó la pintura a la Galería Zachęta?

El director de la Sociedad para el Fomento de las Bellas Artes, Mikulicz Radecki, confirmó su autenticidad, lo que desencadenó una investigación penal. La pista de propiedad condujo a Stieglitz, anticuario y marchante de arte de Cracovia.

Stieglitz había adquirido la obra por unos 50.000 zlotys de un colega en Praga, quien a su vez la había comprado a un anticuario de Viena. No quedó constancia de cómo la obra pasó del palacio de Łaszek al Danubio.

Stieglitz, temiendo perder la inversión, intentó vender la pintura a la familia Głębocki y al Tesoro del Museo Nacional, pero su precio (40.000 zlotys) era insuficiente para él. Ante el estancamiento, el anticuario sobornó a los guardias de la galería, quienes secretamente la enviaron a Cracovia.

Pocos días después, la policía arrestó a Stieglitz, pero no reveló el paradero del cuadro. La investigación se vio interrumpida por la Segunda Guerra Mundial, y el "Bautismo" desapareció nuevamente.

Manos resbaladizas

La colección de Stieglitz fue adquirida por el holandés Pieter Nicolaas Menten, conocido como "el coleccionista escurridizo". Tras la invasión soviética de Polonia, Menten colaboró con los nazis, convirtiéndose en treuhänder (administrador de bienes judíos confiscados). Según la novela "444" de Maciej Siembieda, fue en esa función que Menten se hizo amigo de Stieglitz.

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Después de la agresión soviética, Menten facilitó el traslado de obras saqueadas a los Países Bajos. En 1943, tres vagones cargados de arte polaco llegaron a Holanda, entre ellos probablemente el "Bautismo".

Desaparición definitiva y posibles destinos

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Menten fue capturado el 16 de mayo de 1945, pero fue liberado por falta de pruebas y mantuvo su fortuna, convirtiéndose en uno de los holandeses más ricos. Las obras robadas nunca fueron restituidas.

La Comisión Polaca de Investigación de Crímenes Nazis sospechó que el cuadro había terminado en la villa de Menten en Blaricum, cerca de Ámsterdam. Sin embargo, la villa se incendió en circunstancias desconocidas, y nunca se confirmó si el "Bautismo" se perdió en el fuego.

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¿Se quemó el "Bautismo de Varna" en la villa de Menten?

El regreso inesperado

En 2008, una pista surgió gracias a la novela "444". En el 170.º aniversario del nacimiento de Sienkiewicz, el Museo Masoviano de Płock organizó una exposición fotográfica inspirada en Matejko, que incluyó tres de sus obras: "Stwosz ciego con su nieta", "Adopción de los judíos" y, sorprendentemente, "El Bautismo de Władysław Warneńczyk (18 II 1425)". Todas provenían de la colección del Museo Nacional de Varsovia.

Sin embargo, la obra no se exhibe permanentemente en el Museo Nacional. La dirección alega el deseo del donante, quien falleció justo antes de entregar los documentos de propiedad. Ese donante no pertenecía a la familia Głębocki, lo que complica la identificación del legítimo propietario.

El misterio sigue vivo, con más preguntas que respuestas.