¿Pornografía naturalista o desnudos posados? ¿Una insinuación inocente o una orgía de cuatro personas? Descubre cómo era realmente el arte erótico del siglo XVIII y cuánto arte contenía.
El siglo XVIII, antes de la Revolución Francesa que transformó las costumbres, fue una época de hedonismo desenfrenado. Los artistas dejaron de buscar justificaciones bíblicas o mitológicas para representar la desnudez y se aventuraron con libertad a los boudoirs de la aristocracia.
1. François Boucher – "La cortesana desnuda"
En una Francia que aún celebraba el placer, Boucher pintó a la cortesana con una sensualidad que desbordaba los límites tradicionales, convirtiéndose en un ícono del rococó erótico.
2. Louis‑Marin Bonnet – "El juego interrumpido"
Los coleccionistas libertinos adoraban las impresiones atrevidas, y Bonnet, uno de los grabadores más solicitados en París, ganó una fortuna vendiendo obras que rozaban lo pornográfico.
3. Johann Heinrich Füssli – "Symplegma"
El "symplegma" es una composición antigua que reúne a dos o más figuras en pleno acto sexual, creando una unidad visual. Füssli, dibujante y poeta suizo, la utilizó con gran maestría.
4. François Boucher – "Hércules y Omfale"
Favorito del marqués de Pompadour, amante de Luis XV, Boucher celebró la carnaleidad exuberante. Los hermanos Goncourt lo describieron como "el pintor que encarna el gusto de su siglo".
5. Escena erótica anónima francesa del siglo XVIII
El erotismo de la época no estaba exento de perversiones. Fue la era del marqués de Sade, autor de obras sadomasoquistas como "Los 120 días de Sodoma" y "Justine".
6. François Boucher – "El velo levantado"
La mujer rococó era todo menos natural: más polvo, más lápiz labial, peinados extravagantes y vestimentas fastuosas. La juventud no era moda; las damas se esforzaban por aparentar una madurez fingida.
7. Louis‑Marin Bonnet – "Momento robado"
Muchas escenas eróticas se situaban en paisajes idílicos, con amantes disfrazados de pastores. Este recurso, popular en Francia, también llegó a Polonia, donde la princesa Izabela Czartoryska organizaba encuentros en “cabañas de pastores” dentro de su parque de Powązki.
8. Escena erótica de un autor francés del siglo XVIII
En toda Europa, se creía que los hombres no debían viajar a París antes de los 24 años, pues la capital era una trampa de corrupción. Allí, damas de la alta sociedad y prostitutas coexistían sin tabúes.
9. Louis‑Marin Bonnet – "En el alcobas"
François Tiphaigne de la Roche, escritor ilustrado, sostenía que el amor surgía de una "sustancia simpática" emitida por las personas, especialmente potente en los jóvenes.
10. Johann Heinrich Füssli – "Primer plano"
Carlo Goldoni describió en sus memorias de 1787 la prostitución parisina como un negocio accesible: “Dicen que los placeres son caros; yo tengo menos dinero, pero me divierto y estoy satisfecho”. En contraste, en Varsovia la situación era distinta, y el propio Casanova lamentó no poder permitirse una amante.