En 1212 se produjo un episodio que, aunque a menudo se recuerda como la "Cruzada de los niños", en realidad fue una movilización de campesinos pobres que pretendían alcanzar Jerusalén. El mito popular se consolidó gracias a la novela juvenil de Thea Beckman, Cruzada en jeans (1973), que vendió medio millón de copias y sigue en edición, pero la historia real difiere mucho de la ficción.
Beckman transporta al lector, mediante una máquina del tiempo, al año 1212, donde el joven Dolf se une a un ejército de niños que emprenden la cruzada. La trama es entretenida, pero la cruzada infantil nunca existió; la verdadera expedición estuvo marcada por la pobreza, la desesperación y una interpretación errónea de la palabra latina pueri.
De Colonia a Brindisi
En la primavera de 1212 grupos de gente alrededor de Colonia abandonaron sus campos y se dirigieron al sur, siguiendo el Rin, con la intención de liberar la tumba de Cristo. El líder del movimiento, el llamado «sirviente» Nicolás, afirmó haber recibido una visión que le permitiría abrir el mar para cruzar a Tierra Santa. A lo largo del camino, la población local les ofreció alimento y refugio, creyendo en la inspiración divina de los peregrinos, aunque la Iglesia mostraba dudas.
Muchos fallecieron en el trayecto; otros llegaron a Génova, donde un testigo describió la procesión como "alrededor de 7.000 hombres, mujeres, sirvientes y criadas". Desde allí, una parte del grupo partió hacia el mar, mientras que muchos se quedaron. Otros relatos indican que algunos peregrinos llegaron a Marsella, Roma y Brindisi, donde el obispo les prohibió embarcar por temor a que fueran vendidos a los musulmanes. Aquellos que intentaron partir fueron asaltados por piratas y terminados como esclavos.
Paralelamente, en Francia, el pastor Esteban de Chartres reunió a una multitud tras una visión de Cristo como peregrino pobre pidiéndole pan. El entusiasmo religioso también fue enorme, pero no existen pruebas de que este grupo haya partido realmente hacia Jerusalén; su movimiento fue más breve y recibió menos atención que el alemán.
Proletariado rural
Los cronistas de la época utilizaban el término latino pueri para referirse a los peregrinos. Generaciones posteriores interpretaron pueri como "niños", creando la leyenda de la Cruzada de los niños. Sin embargo, lo más probable es que pueri designara a un grupo social: campesinos sin tierra, jornaleros, mendigos y pastores, una clase emergente de proletariado rural.
Hacia el siglo XII, el crecimiento demográfico y la expansión del comercio generaron una crisis en el campo: pequeños agricultores perdían sus parcelas y terminaban como trabajadores agrícolas o pastores itinerantes. Este fenómeno se acentuó en el norte de Francia y la región del Rin, cuna del movimiento de 1212. Por tanto, los peregrinos no eran niños, sino adultos empobrecidos que veían en la cruzada una salida a su miseria.
Movimientos populares similares habían ocurrido antes, siempre bajo la influencia de un líder carismático y una llamada papal. En 1212, sin embargo, los peregrinos tomaron la iniciativa sin esperar una orden eclesiástica y mostraron menos obsesión apocalíptica; no se registran asesinatos masivos como en otras cruzadas populares.
Una misión elegida
Los peregrinos no buscaban el fin del mundo, sino el fin de la serie de fracasos cruzados. Creían que, al ser los más pobres, Dios los había elegido para cumplir la misión de liberar Jerusalén, una idea reforzada por la corriente de la pobreza promovida a finales del siglo XII por Francisco de Asís y otros reformadores que criticaban la riqueza eclesiástica.
Esta visión dio a los pobres un sentido de dignidad y propósito, pero también provocó la desaprobación de monjes y cronistas de monasterios acomodados, que los describían como "niños locos" para menospreciar sus aspiraciones.